No sabemos exactamente cuántas veces hemos estado ya en Benicàssim, pero sí recordamos perfectamente la primera. Fue en 2007 y, sinceramente, pocas veces hemos tenido una sensación tan clara de estar descubriendo algo que nos iba a acompañar durante muchos años.
Aquel cartel era una auténtica barbaridad. Amy Winehouse, Arctic Monkeys, Muse, Kings of Leon, Iggy & The Stooges, Wilco, Fangoria o Klaxons, entre muchos otros. Viéndolo ahora parece imposible que todos coincidieran en el mismo sitio.
Desde entonces han pasado casi veinte años y el FIB ha cambiado mucho, como también hemos cambiado nosotros, pero hay cosas que siguen intactas.
El ambiente.

Porque el FIB tiene algo muy suyo que cuesta encontrar en otros festivales. Ese punto perfecto entre vacaciones y música. Entre playa y conciertos. Entre miles de guiris y miles de españoles compartiendo tres días de muy buen rollo, sin demasiadas prisas y con una energía muy particular que hace que siempre apetezca volver.
Y este año, además, volvemos especialmente ilusionados.
Sin exagerar, creemos que es uno de los carteles que más nos han gustado de la última década aquí.
Franz Ferdinand, The Kooks, Kaiser Chiefs, Pendulum Live, The Prodigy, Biffy Clyro, Jet, The Fratellis, Lori Meyers, Dorian, Sexy Zebras, Ultraligera, Carlos Ares, Veintiuno, Bandalos Chinos, La Habitación Roja, Marlena o Circa Waves forman un cartel tremendamente apetecible.
Y hay una cosa curiosa.
No hay prácticamente nada, salvo las sorpresas que siempre aparecen en un festival, que no hayamos visto ya en directo.
Y lejos de restarle interés, para nosotros le suma muchísimo.
Porque vamos con la tranquilidad de saber que todo esto funciona. Que Franz Ferdinand son una máquina de fabricar momentos memorables. Que The Kooks tienen himnos para cantar de principio a fin. Que The Prodigy siguen siendo una absoluta locura. Que Pendulum convierten cualquier escenario en una fiesta gigantesca. Que Biffy Clyro nunca decepcionan y que grupos como Lori Meyers, Dorian o Sexy Zebras son garantía absoluta.
No vamos a descubrir si serán buenos. Vamos a disfrutar sabiendo que lo van a ser.
Y eso, a veces, es todavía mejor.

Porque al final el FIB nunca ha sido solamente un cartel.
Es la gente entrando y saliendo de los apartamentos a cualquier hora, las conversaciones improvisadas, los desayunos eternos, las playas por la mañana, las cervezas a media tarde y acabar bailando canciones con miles de personas que probablemente no vuelvas a ver nunca.
Y sí, seguramente habrá artistas que descubramos allí. Porque en Benicàssim siempre pasa. Siempre hay alguna sorpresa inesperada.
Pero la sensación este año es muy clara.
Tenemos la impresión de que vamos a vivir una de esas ediciones que, cuando termine el verano, seguiremos recordando.
Y eso, después de casi veinte años y unas cuantas visitas a nuestras espaldas, sigue siendo algo muy bonito de sentir.
Nos vemos del 16 al 18 de julio en Benicàssim. Uno de esos festivales que, pase el tiempo que pase, siempre nos hace felices volver a casa.







