Jorge Drexler y el arte de aprender a vivir el ahora

por | Oct 18, 2026

Reencontrarse con Jorge Drexler tras el paso de los años es una bonita costumbre que se inició hace doce años en el teatro Calderón de Alcoy.  Esa fue la primera vez que le vi en directo, acompañando a la que es mi pareja desde hace trece años. Ella, sin duda, fue la culpable de profundizar en su prisma sonoro, y de caer rendida en su particular visión de expandir la canción de autor a grandes dimensiones, haciendo crecer las canciones a base de múltiples capas, detalles, silencios, y atmosferas envolventes que, generalmente, van in crescendo, y que en directo se convierten en piezas gigantescas, inolvidables, y con una gran carga emotiva. 

Saltó al escenario con la sonrisa en la boca y llevándose las manos a la cabeza de ver a tanta gente que había venido a verle. En esta ocasión venía presentar su último trabajo «Taracá», nombre que viene de uno de los ejes centrales del disco, el ritmo del tambor chico del candombe, y también, de acortar el «estar acá», de vivir el presente, a raíz del fallecimiento de su padre, vuelve a sus raíces, y graba en Uruguay. Lo hizo en el Roig Arena, con la pista central con sillas dispuestas y prácticamente el primer anillo vendido. Su concierto más multitudinario hasta la fecha en València, quien se lo iba a decir cuándo dios el primer concierto de su carrera en el Café Berlin del barrio del Carmen, dónde ha contado muchas veces que fue un concierto revelador y que ahí sintió que se quería dedicar a la música. El asombro y la confesión de estar sobrepasado ante la respuesta, el agradecimiento al trato y sonido al recinto, la paella previa que se comieron en el Poble Nou de Miguel Martí en las alturas del Roig. Y la anécdota de ser la primera vez que veían dónde iban a actuar mientras comían, preguntándose quién sería el jugador de la noche, como muestra de su modestia y su fino y característico sentido del humor. 

La noche la abrió con «Toco madera», al igual que lo hace «Taracá», y con sus premisas, de no correr en la vida, nos sumergimos en el grandioso concierto que dio, durante más de dos horas, disfrutando, olvidando todo lo malo que sucede fuera, y viviendo con intensidad unas canciones que llevamos impregnadas en la piel de nuestra memoria. Recorrió gran parte del disco, «¿Cómo se ama?», «Te llevo tatuada», acompañado de la voz prodigiosa de Flor Gamba, «Las palabras» o «Amar y ser amado», a cada cuál más bella y sentida.  Alternando con otras canciones que repasan su largo recorrido como artista, algunas que son imprescindibles, formando parte de su ADN, como «Tamborero», «Sea» o «Inoportuna», esta última clave en mi historia de amor particular, y la cuál ella me ha cantado infinitas veces: «La vida no para, no espera, no avisa, tantos planes vueltos espuma. Tú, por ejemplo, tan a tiempo y tan inoportuna.»  

Hubo momentos claves, como el homenaje a Morente, precediendo la historia con Joaquin Sabina, primero abriendo para él en su país, luego la llamada en su puerta a Madid, y después el caer en Granada en una cueva del Sacromonte, escuchando a el maestro, sin entender como había acabado allí e impresionado por la grandeza de su arte.   

El reconocimiento constante y sincero a la banda que le acompaña, esos músicos que tienen sus proyectos paralelos pero que los dejan para acompañarle unos días, todos con sus momentos de protagonismo, y encajando a la perfección en esa confluencia artística que embellece y reluce, convirtiendo todo lo que tocaron en oro puro. Algunos momentos fueron épicos, lástima que se me olvidarán las gafas en las taquillas de prensa, porque me perdí algunos detalles que otros. A pesar de todo, creo que es uno de los directos que más he disfrutado en muchísimo tiempo. Quizá es que se alienarán todos los astros y dejará atrás toda la tensión psicológica que a veces llevamos a carga, quizá fue que lo disfruté junto a ella, quizá todo fue culpa de un artista que nunca, nunca defrauda.  

Ya lo anticipaba, que iba a ser un concierto lleno de sorpresas. No fue un decir por decir. Voy a hacer un experimento, nos dijo, y por sorpresa, sin esperarlo, bajo al público y se fue hasta la mesa de sonido, dónde se subió a una tarima que sirvió de segundo escenario, para acercarse al resto de su público, pidiendo perdón a las primeras filas, pero expresando que todos tenían derecho a sentirlo en la proximidad.  La primera, si mal no recuerdo, fue «Las palabras», solo en frente del otro escenario, dónde quedó la banda, y en esa canción, si no me equivoco, subidos y formando un maravilloso coro y abajo, una de las valencianas de la banda, Eva Català, en la percusión. Para mí, fue uno de los momentos más gloriosos de la noche. Siguió ahí durante unas cuántas canciones más, alejado de los suyos, pero más cercano al resto de su público.

Muy bien traída estuvo «Milonga del moro judío» (canción que nace de un reto de Sabina a escribirla en décimas), una letra que guarda tantas verdades que sana dentro de los tormentosos tiempos que nos están tocando vivir: «Yo soy un moro judío que vive con los cristianos. No sé qué Dios es el mío ni cuáles son mis hermanos», o «Perdonen que no me aliste bajo ninguna bandera ¡Vale más cualquier quimera que un trozo de tela triste!», entre ellas, ojalá esa letra se la aplicarán los poderosos que tanto oprimen a los pueblos.  

El trayecto final del concierto vino con «Todo se transforma», «Ante la duda, baila» y «Bailar en la cueva», tres cortes que hicieron levantar al público para entregarse al baile, a la desinhibición, y al disfrute máximo, la energía que se sentía fue profunda y pura, dejando los momentos más coreados y llevando a una catarsis colectiva difícil de olvida. El remate con «Sea» y la última sorpresa de la noche, la aparición estelar de la comparsa Candombe de València, unas treinta personas repartidas entre escenario y el público, que se fundieron en un todo, colmado de alegría, emoción y vida.  Ya sabéis, haced caso a Jorge: «Vivir y no tener vergüenza de ser feliz. Cantar y cantar y cantar la belleza de ser un eterno aprendiz. Yo sé (yo sé, yo sé), que la vida podría ser mejor y será. Pero eso no impide que repita que la vida es bonita, es bonita y es bonita.» Aprendamos a vivirla mejor y disfrutando del ahora. 

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