“Estrellas de Buena Vista y más” es un proyecto para nostálgicos, es cierto. Pero puestos a serlo, hay proyectos y proyectos, e historias e historias. Unas se irán perdiendo, poco a poco, sin hacer ruido, desgastadas por el paso del tiempo; otras serán reemplazas por nuevas modas, que correrán seguramente misma fortuna en el futuro; otras quizás gocen de la suerte de algún “revival” que las devuelva a la memoria, para después, volver a acomodarse con resignación en ese lugar del olvido que abandonó en lo que tardaba en pasar esa ola. Y otras, sin embargo, son inmortales; transmiten un legado tan poderoso, una herencia con raíces tan profundas, que las convierten en eternas. Y por ello, nunca las dejarán morir. Siempre habrá alguien que reivindique su relato, y lo devuelva a la memoria.

Este es el caso de la historia de un club social ubicado en el bullicioso barrio de Buena Vista 31 número 4510, entre las calles 46 y 47 de Marianao, La Habana, llamado (que no haya pérdida) Buena Vista Social Club. Ahí se cimentó entre los años 30, 40 y 50 del pasado siglo la leyenda, a base de sudor, golpes de cadera, ron, y sí, mucha música; y mucho baile. Esa efervescencia y vitalidad noche tras noche, llevó a muchos de los músicos más importantes del país a pasar por sus tablas. ¡Y qué músicos!: Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Omara Portuondo, Puntillita, Rubén González, Pío Leyva..

Pero como en toda buena historia, las noches de felicidad y perdices no son eternas, y las nubes las trajo la Revolución Cubana, que desde 1959 empezó un programa de cierre y nacionalización de clubes nocturnos, y de cualquier lugar privado (o no controlado) entregado al hedonismo en general. Los años pasaron, el polvo cubrió esas noches, esas calles, esas tablas, y esas sillas y mesas, llevándolas al olvido. Pero las leyendas dignas de pervivir siempre renacen, y hubo que esperar casi 50 años, para que llegara en los 90 un norteamericano, el grandísimo guitarrista y musicólogo Ry Cooder, a resucitar el espíritu de esas noches, y a rescatar (a algunos de la inactividad de décadas incluso de la pobreza) a varios de los músicos originales. Otros nuevos se sumaron, como Eliades Ochoa, Guajiro Mirabal, Juan de Marcos González, Barbito Torres…; e incluso otros que no eran músicos, como el director alemán Wim Wenders, se unieron a la fiesta, para, entre todos, fabricar ese delicioso explosivo que cambió para siempre la historia de ese desaparecido local.

Con ese increíble disco, y maravilloso documental homónimo, su memoria quedó garantizada para la eternidad. Pero han pasado ya 30 años, y la amenaza del tiempo y su destructor poder siempre acechan. O al menos esto es lo que piensa Pancho Amat, el genial tresero, para llevarle a escribir este capítulo 3.0 de la historia. Con músicos originales de la grabación de Ry Cooder, complementados con nuevas generaciones de talentosos músicos cubanos, nace en 2021 el proyecto “Estrellas de Buena Vista y Más”, con la misión de preservar la memoria y el patrimonio del Buena Vista Social Club.

Así que entenderán ustedes, con temas como “La negra Tomasa”, “Chan Chan”, “Dos gardenias”, o “Candela” en el repertorio, que lo de anoche en el Circo Price, no fue un simple concierto, sino una celebración de la memoria. Una oda a la historia y a las noches en las que reinaba la alegría, y sólo existía el baile como credo bajo la cómplice luna de La Habana. Las sonrisas y la alegría del público anoche, probablemente no fueran ni una sombra de la alegría libre de las almas que frecuentaban el club en los años 40. Pero, en fin, son otros tiempos, y en 2026, a nuestra manera, sentados, y escuchado música… fuimos muy felices.


















