Morat sabe crear un ambiente único con el público. Convirtiéndonos en una pequeña familia, unida por la música y el arte de unos artistas únicos.
Nada más salir al escenario, la ovación del público se volvió ensordecedora. Cuando empezaron a cantar la primera canción, «Besos en guerra», el coro de los fans resonaba en el aire, creando una atmósfera electrizante llena de energía y pasión.
Desde los primeros acordes, el grupo supo cómo envolver a todos con su magia musical.
A medida que avanzaba el concierto, iban añadiendo más efectos visuales, más colores, más potencia, más sensibilidad.
Existe una sintonia y una complicidad absoluta entre ellos, los cuatro tocan como si fueran una sola persona.
Morat sabe hablar de emociones cotidianas, pero transmitidas con una fuerza e intensidad inigualable.
Sus frases te impactan y se te quedan grabadas.
A pesar de su fuerza, no han perdido esa ilusión y la frescura al hacer música, disfrutan como críos cuando están sobre el escenario.
Cada canción fue una montaña rusa emocional, llevándonos desde la euforia hasta la intimidad en cuestión de minutos.
Morat no solo estaba interpretando su música, sino compartiendo una experiencia única con todos nosotros.
La magia del directo se reflejaba en los gestos, las sonrisas, los bailes, las miradas de la banda, quienes dejaban ver su disfrute en el escenario.
Cada concierto es mejor que el anterior, se superan con creces. El público estaba completamente entregado al grupo.
El concierto fue espectacular, tuvimos la suerte de escuchar a todos los miembros de la banda cantar. Aparte de cantantes increíbles, son unos músicos excepcionales, viven por y para el show, haciendo gozar al público en cada instante del concierto.
Aprovecharon la ocasión de estar en tierra malagueña para cantar su canción más flamenca, «El embrujo», que revolucionó al público por completo, ya que esta canción no suele ser tocada en directo.
Fui en muy buena compañía, mientras bailaba con mi acompañante, un grupo de señoras que nos triplicaban la edad, nos pidieron por favor que no perdiéramos nunca esa felicidad. Que disfrutaramos de la vida como lo estábamos haciendo en ese momento. Ellas estaban felices por vernos felices a nosotros, unos completos desconocidos, pero enamorados de la misma música.
El concierto terminó con “Cómo Te Atreves” fue ilustrado y representado con un DVD gigante que giraba detrás de la banda cada vez mas rápido, lo que le añadía energía al momento, acompañado por un juego de luces impresionante, todos los colores reflejados como si salieran de un caleidoscopio.
La emoción era palpable en el ambiente mientras todos cantábamos al unísono.
El entorno era espectacular, no podía haber mejor marco para Morat, la calidad del sonido era impecable.
Es de agradecer a todo el equipo de la organización, la manera en la que me facilitaron la labor en todo momento. La amabilidad de aquellos con los que ya coincidí en conciertos anteriores y a los que conocí y veré en futuros eventos.
Morat siempre será la excusa perfecta para disfrutar de la música y de la vida como si no hubiera un mañana. Para terminar aquello que nunca se terminó, para revivir aquella última vez que sin saberlo, llegó. Sin mucho más que decir por lo que no pasó, por lo que nunca fue y por el qué hubiera sido, Morat siempre tendrá un pedacito de mi corazón.
Siempre recordaré el primer concierto de mi vida, fue de Morat, fue magia.
En el segundo concierto de Morat, entendí que mi sueño era poder llegar a hacerles fotos.
Mezclar mis dos pasiones, la música y la fotografía.
Este ha sido mi tercer concierto de Morat, pero no el último. Lo he conseguido, he cumplido ese sueño. Aunque lo más importante no ha sido eso, sino el darme cuenta del poder que tiene la música para unirnos y hacernos sentir vivos.
¿Que me deparará su próximo concierto?
Por todo esto y por mil razones más, «Si ayer fuera hoy» no dudaría ni una milésima de segundo en volver al concierto de Morat en el marenostrum.
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