La Perra Blanco, el rock and roll que no pide permiso

por | Abr 21, 2026

Un auténtico torbellino de rock and roll reventó anoche la sala But de Madrid. De esos conciertos en los que no hay calentamiento posible, donde todo arranca arriba y ya no baja. Energía sin filtro, sudor desde el primer tema y la sensación constante de estar viendo algo que no se puede domesticar.

Ella es Alba Blanco, La Perra Blanco, y a cualquiera que haya pasado por uno de sus directos le queda claro que estamos ante una de esas artistas llamadas a mantener vivo un género que, cuando cae en las manos equivocadas, corre el riesgo de convertirse en nostalgia. Aquí no pasa. Aquí hay presente, hay actitud y hay una identidad muy clara.

Fotografías: Kenyi Yoshino

Porque una de las cosas más difíciles en la música es respetar las raíces sin quedarse atrapado en ellas. Y Alba lo hace con una naturalidad que asusta. Suena a rockabilly, a blues, a surf… pero sobre todo suena a ella. Tiene un estilo propio, reconocible, que no necesita apoyarse en nada más que en lo que pasa sobre el escenario.

Lo físico es otro nivel. Su barra de energía no es que esté por encima de la media, es que directamente juega en otra liga. No hay un solo momento de tregua. Todo es intensidad, movimiento, entrega total. Más en forma es complicado estar, y generar más adrenalina encima de un escenario parece directamente imposible. Es uno de esos directos que te arrastra, quieras o no.

Y en medio de todo ese huracán, lo más importante. El talento. Porque sí, la actitud suma, la energía engancha, pero lo que sostiene todo es lo que hay detrás. Como bien decía Guille, su contrabajista, no es normal encontrarse con alguien capaz de cantar así y tocar la guitarra a ese nivel al mismo tiempo. Y no lo es. Hay técnica, hay gusto y hay una personalidad musical que no se enseña.

La banda acompaña desde ese mismo lugar, entendiendo perfectamente el tipo de viaje que se está proponiendo. Todo está medido para que la bola no deje de crecer, para que el directo no pierda ni un gramo de intensidad y para que cada tema sume en ese clima de fiesta salvaje que se genera desde el minuto uno.

Lo de anoche en la But no fue solo un concierto de rock and roll. Fue una reivindicación. Una demostración de que el género sigue más vivo que nunca cuando cae en manos como las de La Perra Blanco.

Orgullo nacional. Y sí, que viva Cádiz.

Fotografías: Kenyi Yoshino

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