Charlando con Latzen: “Ilusión, agradecimiento y memento vívere”

Feb 24, 2026

Han pasado 27 años entre su segundo disco y este nuevo trabajo. Tiempo suficiente para que muchos capítulos se cierren… o para que las cicatrices hablen. Latzen no regresa como un ejercicio de nostalgia puntual, sino como una banda que ha entendido que el reloj no se detiene y que los sueños, si no se persiguen, se convierten en preguntas sin respuesta. Con Denboraren orbainak bajo el brazo, el grupo vuelve a situarse en el mapa del heavy/thrash en euskera con la misma identidad de los noventa, pero con una perspectiva que solo concede el paso del tiempo.

Conversamos con ellos sobre heridas, aprendizaje, instinto y esta tercera era que no mira atrás con melancolía, sino con determinación.

Han pasado 27 años entre vuestro segundo disco y este nuevo trabajo. ¿Qué tuvo que ocurrir para que el reloj de arena volviera a girarse y Latzen regresara de verdad, no solo para una gira puntual?

Darse cuenta de que la llama seguía encendida y ser consciente de que el tiempo es finito, fugaz e implacable con uno mismo y sus facultades. Eso sumado al deseo de convertir los sueños en recuerdos imborrables.

El título Denboraren orbainak habla de cicatrices. ¿Cuáles son las cicatrices reales que han marcado a la banda durante este tiempo y cómo se han transformado en canciones?

El hecho de crecer y madurar como persona te da la perspectiva y templanza necesarias para seguir los distintos caminos que se van presentando en el viaje. Tratamos de plasmar esa experiencia en las letras que se asientan en los riffs y melodías para que en conjunto transmitan nuestra visión acerca de temas que nos han marcado y que sólo ahora, con la perspectiva del tiempo, podemos exponer.

Decís que mantenéis el mismo carácter, pero con más experiencia para ralentizar y acelerar la velocidad. ¿En qué se nota hoy un Latzen más maduro respecto al de los noventa?

La manera de afrontar el proceso creativo parte de la misma base que hemos tenido siempre, de un riff de guitarra. Pero a la hora de trabajar ese riff con respecto a los tempos o ritmos del tema ha variado ligeramente. Tenemos más influencias que antes y somos más conscientes de nuestras capacidades, con lo que explotamos lo que creemos que nos funciona sin miedo a salirnos de las “normas”. Aitor está cantando mejor que nunca y las voces que propone son brutales, fruto de todo lo aprendido. El criterio para acelerar o hacer más pesado un tema también obedece al instinto tanto como a lo mamado en distintas fuentes.

Entre 1993 y 1999 construisteis una identidad muy sólida dentro del heavy/thrash en euskera con discos como Kontzientzia ala infernua y Ardi larruz. ¿Sentís que en su momento no se cerró una etapa, sino que se quedó algo pendiente?

Más que algo pendiente, sentimos que nuestro sueño de crear la banda y tocar se asemeja un poco al horizonte: cuanto más caminas hacia él, más se aleja y continúas caminando. Y por tanto, cada paso que damos se convierte en recuerdo y disfrutamos de ello y al mismo tiempo nuestro sueño sigue intacto y nos guía.

En aquel primer ciclo el reconocimiento masivo llegó gracias a una balada, aunque vuestro ADN era mucho más contundente. ¿Os pesó alguna vez esa etiqueta?

No. Para nosotros es una canción de nuestro repertorio a la que la mass media ha dado determinado estatus, pero como dices nuestro ADN es mucho más amplio, contundente y demostrativo de cómo es la banda.

Cuando decidisteis parar estando a punto de grabar nuevo material, ¿fue una decisión inevitable o una herida que tardó años en cicatrizar?

Las dos cosas. Es un tema personal delicado al que afortunadamente hemos sabido reponernos y continuar fortalecidos.

El nuevo álbum arranca con “Txori txarrak” y se cierra con “Zilarrezko kaiola”, dos piezas que representan vuestra esencia más heavy. ¿Buscasteis conscientemente enmarcar el disco entre dos golpes de identidad?

Nosotros somos una banda que ha crecido escuchando discos enteros, no temas sueltos ni singles radioformuleros. Por tanto, entendemos un disco en su totalidad, como un concierto: una apertura potente, un desarrollo multidireccional y un desenlace aplastante. Eso hemos tratado de hacer con este disco también y creemos que lo hemos conseguido.

Hay espacio para el thrash más pausado en “Memento mori” o “Dogma”, temas más abiertos como “Eutsi!” o “Heroi direnak”, un instrumental y una de vuestras canciones más sentidas, “Zauria”. ¿Es este vuestro disco más variado hasta la fecha?

Puede que sí, porque refleja de alguna manera el momento de la banda. Somos cuatro miembros con gustos muy dispares pero que parten de una misma base y a la hora de componer se juntan todas las variables que hacen que el resultado sea rico en matices y elementos.

“Zauria” está definida como una de las composiciones más emocionales que habéis creado. ¿Qué os permitió ahora escribir algo así que quizá antes no hubierais podido?

La composición depende mucho del momento y el estado anímico, al menos en nuestro caso, y una canción como “Zauria” tiene mucho de eso. La letra habla de la barbarie contra el pueblo palestino y por extensión de cualquier pueblo oprimido y/o sometido. Y la instrumentalización es consecuencia del aprendizaje a la hora de expresar el feeling que requiere cada pasaje.

Habéis trabajado el sonido con Iker Bengoa en Silverstar Studios. ¿Qué queríais conseguir a nivel de producción: actualizar el sonido o capturar la esencia clásica con herramientas actuales?

Un poco las dos cosas. Al ser una banda que ha estado muchos años inactiva, enfrentarse a un disco nuevo era un reto para todo el mundo implicado. En ese sentido Iker lo encaró con el objetivo de traer a Latzen al 2025 desde el ’98 y creemos que lo ha conseguido. Al final, no es fácil actualizar una banda de metal cuyo último disco de estudio es de hace 28 años. Y la verdad es que se lo ha currado de lujo con un resultado digno de resaltar.

Todo el disco está compuesto íntegramente por Latzen. Después de tanto tiempo, ¿cómo ha sido el proceso creativo? ¿Fluyó de manera natural o hubo que reaprender a ser banda?

Partimos de dos caminos en paralelo: en uno hemos revisionado ideas que teníamos grabadas en un cuatro pistas y que iban a ser para el tercer disco que estábamos preparando en el ’99 (cuando paramos). Y en el otro hemos trabajado en ideas totalmente nuevas, con lo cual nos ha quedado un disco que nos transporta desde entonces al presente, con la inestimable ayuda de Iker Bengoa. A todo esto hay que sumarle, como dices, el hecho de engrasar la banda individual y colectivamente, que también tiene lo suyo.

La tercera era de Latzen implica también un cambio en el cuarteto con la entrada de Yerko Ortiz. ¿Cómo ha influido su incorporación en la energía y en la dinámica interna del grupo?

La aportación de Yerko tanto personal como artísticamente ha sido fundamental y a todas luces enriquecedora. Ha encajado a la perfección con la dinámica de la banda y ha tirado del carro como el que más. Creo que ya tiene inoculado el virus Latzen de por vida.

El regreso en directo en el gaztetxe Zorrotza y en Hatortxu Rock tuvo una carga simbólica fuerte. ¿Qué sentisteis al volver a subir al escenario después de diecisiete años?

El sentimiento de pisar un escenario y vivir ese momento junto a gente que no conoces, pero que forma parte del universo del grupo, es indescriptiblemente grande y hermoso. Para un músico, poder llegar a ese punto de unión y celebrar la música creada con aquellas personas que la han acogido y la han hecho grande, es la mayor satisfacción que pueda llevarse. A su vez, las caras sonrientes de quienes han apostado su tiempo en un concierto con nosotros reflejan la reciprocidad del sentimiento compartido. Y eso te da más fuerza si cabe para que el show continúe con honestidad.

Ahora afrontáis una gira que os llevará por salas y grandes festivales. ¿Cómo se prepara una banda que regresa para sonar competitiva en el circuito actual del heavy estatal?

Para nosotros, la motivación de tocar no depende ni del aforo ni de la plaza, por lo que ensayamos con la convicción de hacerlo lo mejor que sabemos. A partir de ahí, no nos medimos con nadie ni contra nadie, sino más bien en favor de cada persona que ha decidido venir a vernos y en hacer que salga con ganas de volver. Ese es el mayor objetivo que nos ponemos en directo. Para eso contamos con una crew brutal y entre todos tratamos de ofrecer lo mejor que tenemos cada uno. Latzen lo formamos un gran equipo de personas y estamos muy agradecidos de que sea así.

Habéis defendido siempre el heavy/thrash en euskera. Tres décadas después de vuestra maqueta Heriotzari deika, ¿cómo veis la escena actual y el lugar que ocupa Latzen dentro de ella?

Ha pasado mucho tiempo desde que empezamos y en todo este tiempo hemos visto la evolución y diversificación de la escena metalera con agrado. Hoy en día hay infinidad de bandas y muchas de ellas tienen una honestidad y habilidades sobresalientes. Siendo el metal un género que no está en la vanguardia, sí es el género que no sigue modas y, por ende, mantiene la autenticidad que es intrínseca a su ser. Afortunadamente hay bandas que mantienen el legado que todos recibimos en su momento de aquellas que definieron las líneas maestras del rock y el heavy. Nosotros nos consideramos una más en ese abanico, intentando hacer camino a la vez que honramos nuestro pasado.

Si tuvierais que resumir esta nueva etapa en una sola frase, ¿sería nostalgia, reivindicación o necesidad vital?

Ilusión, agradecimiento y memento vívere.

Y mirando hacia adelante: después de estas cicatrices del tiempo, ¿Latzen vuelve para cerrar un círculo o para empezar uno completamente nuevo?

Cerrar un círculo implica volver al principio y ahora mismo no es esa nuestra idea. Queremos explorar esta nueva etapa mientras vamos disfrutando cada paso que damos. Y eso nos dará la perspectiva para marcar el rumbo. Así que mientras tengamos para ofrecer y mientras haya demanda, habrá Latzen. Muchas gracias por vuestro apoyo.

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