Kim Dracula convierte la Mon Live en un manifiesto de caos y teatralidad extrema

por | Ene 27, 2026

Anoche, 26 de enero, Madrid fue testigo de una de esas noches que se recuerdan por su capacidad de descolocar y fascinar a partes iguales. La sala Mon Live acogió la parada madrileña de la gira de Kim Dracula, una cita organizada por Route Resurrection, la promotora ligada al Resurrection Fest, garantía de propuestas que se mueven fuera de los márgenes más previsibles del circuito. El concierto no fue solo una presentación en directo, sino una experiencia diseñada para confrontar al público con una mezcla de exceso, teatralidad y ruptura constante de expectativas. Antes de que el cabeza de cartel tomara el escenario, la velada ya había dejado claro su tono gracias a una apertura tan oscura como hipnótica.

Kim Dracula, Alvaro Carlier
Fotografía: Álvaro Carlier

La responsabilidad de abrir la noche recayó en Vowws, un dúo que entiende el directo como un ejercicio de tensión sostenida. Desde el primer minuto, su propuesta se desplegó como un bloque compacto y sin fisuras, apoyado en una estética sonora que fusiona death-pop, industrial rock, post-punk y darkwave con una naturalidad inquietante. Lejos de buscar el impacto inmediato, la banda optó por construir una atmósfera progresiva, casi asfixiante, donde cada elemento parecía calculado para incomodar y atrapar al mismo tiempo.

La falta de artificios escénicos se convirtió en una virtud: bases electrónicas de pulso implacable, guitarras cortantes y una interpretación vocal cargada de dramatismo crearon un clima sombrío que fue ganando peso a medida que avanzaba el set. El público, aún en proceso de llenar la sala, fue entrando poco a poco en ese universo frío y elegante, más cercano a una liturgia oscura que a un concierto convencional. Vowws no necesitó interacción constante ni grandes gestos para captar la atención; su fuerza residió en la coherencia de un discurso sonoro que funcionó como antesala perfecta para lo que vendría después, preparando psicológicamente a la sala para la avalancha estética y emocional de Kim Dracula.

Tras el pertinente cambio de escenario, la expectación creció de forma palpable. Con la “intro” resonando entre luces bajas y una estética que anticipaba lo imprevisible, Kim Dracula apareció para demostrar desde el primer minuto por qué se ha convertido en uno de los nombres más comentados de la escena alternativa actual. “Land Of The Sun – My Confession” abrió el set con una mezcla de agresividad y teatralidad que marcó el tono del concierto: un vaivén constante entre lo extremo y lo melódico, entre la violencia sonora y los pasajes casi confesionales.

La transición hacia “Romance – Bards” confirmó que el directo no iba a seguir una línea recta. Kim Dracula juega con los contrastes como parte esencial de su lenguaje artístico, saltando sin pudor entre géneros y estados de ánimo. Esa capacidad camaleónica se reforzó en “Superhero”, donde el público empezó a responder con mayor intensidad, consciente de que estaba ante un espectáculo que exige atención constante.

Kim Dracula, Alvaro Carlier
Fotografía: Álvaro Carlier

Con “1-800-Close-Ur-Eyes” y “Bond – Drown”, el concierto entró en una fase más opresiva y visceral. La sala Mon Live, de dimensiones contenidas, se convirtió en un espacio ideal para amplificar esa sensación de claustrofobia sonora. El sonido, contundente pero bien equilibrado, permitió apreciar tanto los momentos de máxima distorsión como los detalles más sutiles de la propuesta.

Uno de los grandes aciertos del set fue la manera en la que Kim Dracula encadenó temas sin perder coherencia narrativa. “Undercover – KittyKitty” aportó un punto casi lúdico dentro del caos controlado, mientras que “Even Flown” y “Reunion And Regeneration” introdujeron matices más introspectivos, demostrando que detrás del personaje hay una clara intención artística y no solo provocación estética.

El bloque formado por “Are You? – Divine” y “Papparazzi – 70 Thorns – Jazz” fue, para muchos, uno de los momentos más celebrados de la noche. Aquí el artista explotó al máximo su faceta performativa, jugando con cambios de ritmo, registros vocales extremos y una presencia escénica que no dejaba indiferente. Cada gesto parecía medido, cada silencio tenía peso, y el público respondió con una entrega creciente.

Kim Dracula, Alvaro Carlier
Fotografía: Álvaro Carlier

La recta final del set principal mantuvo el listón alto. “Luck – Say Please” y “Careless – Rose” sirvieron como antesala perfecta para “Smooth – Make Me Famous”, un cierre que condensó todas las virtudes del directo: intensidad, eclecticismo y una sensación constante de imprevisibilidad. Lejos de buscar un final cómodo, Kim Dracula optó por dejar al público al límite, con la sensación de haber asistido a algo difícil de encasillar.

Tras una breve retirada, el bis confirmó que todavía quedaba pólvora. “In Threes” devolvió al escenario una tensión casi física, mientras que “Killdozer” puso el punto final con una descarga demoledora que hizo temblar la sala y dejó a los asistentes exhaustos pero satisfechos.

El concierto de anoche en la Mon Live no fue solo una presentación más dentro de una gira, sino una declaración de intenciones. Kim Dracula demostró que su propuesta funciona especialmente bien en directo, donde el riesgo y la teatralidad cobran todo su sentido. Acompañado por una apertura tan coherente como la de Vowws, la noche se consolidó como una de esas citas que confirman que Madrid sigue siendo una plaza clave para las propuestas más inquietas y transgresoras del panorama internacional.

Kim Dracula, Alvaro Carlier
Fotografía: Álvaro Carlier

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