Madrid abrazó a Linkin Park, pero algunos seguimos echando demasiado de menos a Chester

por | Jun 24, 2026

Había muchísimas ganas. Nueve años después, Linkin Park regresaba a Madrid para reencontrarse con una ciudad que siempre les ha tratado como a una de las grandes bandas de este siglo. Sold out absoluto en la primera de las dos citas en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid para vivir una noche que, para muchos, fue sencillamente inolvidable, y para otros fue la confirmación de que sin Chester Linkin Park ya no existe.

Y aquí viene una opinión que probablemente no será la más popular: nosotros somos de la segunda opción.

Antes de nada, una cosa debe quedar clara. Esto no va de comparar ni de menospreciar el enorme paso adelante que ha dado Emily Armstrong. Al contrario. Hay que tener unos ovarios gigantes para aceptar el reto de sustituir a una figura tan inmensa como Chester Bennington. Y eso merece todo el respeto del mundo. Pero los que tuvimos la suerte de ver a Chester varias veces en directo y, sobre todo, los que crecimos con él, sabemos que esto no es Linkin Park. Y nunca lo será. Y no pasa absolutamente nada. Es la vida.

Alvaro Carlier, Linkin Park
Fotografía: Álvaro Carlier

Porque el problema no es únicamente la voz.

Chester era una manera de cantar, sí, pero también una presencia escénica absolutamente magnética. Era carisma, vulnerabilidad, rabia y cercanía a partes iguales. Era una de esas personas que llenaban un escenario simplemente estando quietas.

Emily canta bien, muy bien en muchos momentos incluso, es multi instrumentista, la ves con una guitarra, tocando la batería… pero no tiene la soltura escénica ni esa personalidad arrolladora que una banda de esta magnitud necesita para seguir transmitiendo exactamente lo mismo que transmitía antes en intensidad.

Hay ejemplos en la historia del rock donde el relevo ha funcionado de manera espectacular. Ahí está AC/DC, que supo reinventarse sin perder su esencia. Aquí, al menos para nosotros, la sensación es diferente. Y eso se notó durante buena parte del concierto.

También percibimos una conexión algo fría con el público. Quizá era agotamiento después de tantos meses de gira, quizá era simplemente una noche menos inspirada, pero en muchos momentos daba la sensación de que la banda estaba funcionando en piloto automático.

Alvaro Carlier, Linkin Park
Fotografía: Álvaro Carlier

Aun así, sería tremendamente injusto decir que fue un mal concierto. Ni muchísimo menos.

De hecho, fue un buen concierto.

La banda repasó prácticamente todos sus grandes himnos y no faltó ningún mega clásico importante, salvo una ausencia que muchos echaron de menos: «Crawling». El repertorio funcionó y, evidentemente, temas como «In The End», «Numb», «Faint», «One Step Closer», «Breaking The Habit» o «What I’ve Done» siguen teniendo una capacidad impresionante para unir a miles de personas.

Aunque la lectura más positiva la sacamos observando al público. Padres e hijos compartiendo canciones, grupos de amigos de 50, 40, 30 y 20 años viviendo exactamente las mismas emociones. Eso sí que es el legado de Linkin Park y probablemente lo más bonito que nos llevamos de la noche.

Alvaro Carlier, Linkin Park
Fotografía: Álvaro Carlier

El calor también fue protagonista. Infernal incluso después de esconderse el sol. De esas noches en las que cualquier pequeño esfuerzo se multiplica y donde se agradece todavía más que un concierto tenga un extra de energía sobre el escenario.

En cuanto al sonido, como suele ocurrir en este tipo de macroeventos, depende muchísimo de dónde te sitúes. Nosotros estábamos prácticamente en la última fila de pista y la experiencia fue bastante buena. Sin embargo, hablando con asistentes repartidos por otras zonas, el comentario común era la falta de potencia y pegada en muchos momentos. Incluso algunos medios recogieron críticas similares tras el concierto.

La noche arrancó con dos teloneros bastante diferentes entre sí. Por un lado, los estadounidenses Phantogram, que aportaron su habitual mezcla de electrónica, pop y rock, y Clipse, el histórico dúo de hip hop formado por Pusha T y No Malice.

Alvaro Carlier, Clipse
Fotografía: Álvaro Carlier

En definitiva, un concierto que ni mucho menos se puede catalogar como un mal bolo, más bien todo lo contrario, pero al que le faltó bastante punch para lo que se supone que es una de las bandas de rock más importantes de este siglo.

Quizá el propio concierto nos recordó algo que en realidad ya sabíamos desde hace años, y es que Linkin Park sigue vivo, pero Chester Bennington es irreemplazable. O al menos aun no lo han conseguido. Y asumirlo no es una crítica, sino una realidad que forma parte de la historia de una banda que marcó a toda una generación.

Alvaro Carlier, Linkin Park
Fotografía: Álvaro Carlier
Alvaro Carlier, Linkin Park
Fotografía: Álvaro Carlier
Alvaro Carlier, Linkin Park
Fotografía: Álvaro Carlier
Alvaro Carlier, Linkin Park
Fotografía: Álvaro Carlier
Alvaro Carlier, Phantogram
Fotografía: Álvaro Carlier

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