Villanos cayó rendido al groove de Nik West

por | Sep 29, 2026

Anoche estrenamos temporada en Villanos y lo hicimos dentro de uno de esos ciclos que ya se han convertido en una de las citas musicales que más nos gustan de Madrid: Villanos del Jazz. Y por suerte volvió a pasar eso que tantas veces nos regala esta sala cuando todo se coloca en su sitio. Una artistaza, una banda de musicazos, un sonido realmente bueno, una iluminación preciosa, una sala prácticamente llena pero sin sensación de agobio y ese punto difícil de explicar que aparece cuando público, escenario y músicos terminan respirando al mismo ritmo.

Nik West salió al escenario con el bajo donde tiene que estar en su universo: delante, bien visible y convertido en auténtico protagonista. Pero aquí no hacía falta esperar una exhibición de virtuosismo extremo ni una sucesión de solos para demostrar nada. Lo de anoche iba por otro camino. Groove. Mucho groove. Del que empieza en el escenario y acaba inevitablemente en el cuerpo. Bajo, funk, actitud y una presencia escénica enorme que hace que sea complicado apartar la mirada de ella mientras toca.

Y hay una figura que sobrevuela prácticamente todo lo que hace Nik West: Prince. Se percibe en la música, en la estética, en la manera de ocupar el escenario y en esa mezcla de funk, sensualidad y espectáculo que forma parte de su identidad. Pero la historia entre ambos va bastante más allá de una simple influencia. Prince descubrió a Nik, trabajó con ella y quiso incorporarla a su entorno musical. Ella llegó incluso a rechazar la posibilidad de convertirse en su bajista fija porque tenía claro que quería construir su propio camino. Una decisión importante, porque probablemente ahí está una de las claves para entenderla: Prince pudo abrirle una puerta enorme, pero Nik West siempre quiso tener su propia habitación. Y vaya si la tiene.

Porque después de escucharla y verla en directo queda muy claro que no estamos ante alguien que haya construido su carrera alrededor de aquella conexión. La influencia está ahí, sería absurdo negarla, pero hay una personalidad perfectamente reconocible. Una estética propia, una manera muy física de tocar el bajo, una voz que encaja dentro de ese universo funk y, sobre todo, una naturalidad que hace que todo parezca mucho más sencillo de lo que seguramente es. La sensación desde fuera es de absoluta comodidad. Ella toca, canta, se mueve, interactúa con la banda y con el público y parece estar exactamente donde quiere estar.

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ambién funciona especialmente bien el equilibrio entre sus propias canciones y las versiones. Temas conocidos que pasan por el filtro de Nik West y terminan sonando a Nik West, sin perder el espíritu original pero llevándolos hacia ese terreno donde el groove vuelve a mandar. Y ahí la banda tiene mucho que decir. Cada músico tiene su espacio, pero nunca da la sensación de que nadie esté intentando robar protagonismo. Todo está al servicio de la canción y de ese pulso que va recorriendo el concierto de principio a fin.

Y después está Villanos. Quizá una de las grandes virtudes de esta sala sea precisamente conseguir que un concierto de una artista de semejante nivel siga teniendo sensación de club. Estás cerca del escenario, ves a los músicos, escuchas los detalles y tienes al público prácticamente encima, pero sin esa sensación de estar metido en una lata. Anoche estaba prácticamente lleno y, aun así, se podía disfrutar. Sonido, luces, espacio y una programación que vuelve a demostrar que Villanos del Jazz entiende muy bien qué tipo de artistas quiere traer a Madrid.

Imposible cansarse de escuchar a Nik West. Y bastante complicado cansarse de verla. Tiene ese tipo de presencia que funciona incluso cuando no está haciendo absolutamente nada espectacular porque la propia forma de estar sobre un escenario ya forma parte del espectáculo. Pero si además le das un bajo, una banda que entiende el lenguaje y una sala como Villanos, el resultado es el que vivimos anoche.

Primer bolo de nuestra temporada en Villanos y primera alegría. El ciclo Villanos del Jazz vuelve a tener una pinta excelsa y nosotros, encantados de poder seguir pasando por allí para contarlo. Y sí, también volvió a pasar: alguien se acercó para decirnos “gracias por lo que hacéis en Territorio Music”. De verdad, gracias a vosotros.

Autor

  • Kenyi Yoshino

    Periodista, fotógrafo y amante de la música. CEO y creador de Territorio Music.

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