Una de las grandes musas del soul moderno aterrizó en Las Noches del Botánico de Madrid para enamorar a toda la ciudad con su imnotizante voz y su eterno carisma.

La tarde del 26 de julio fue todo un descubrimiento al asistir a una de las veladas de las “Noches del Botánico», en Madrid.

No he perdido la costumbre de ir sin tener ni zorra idea de las bandas que no sean cabeza de cartel, para que me sorprendan irremediablemente ( o las deteste de ese primer tema) y así poder disfrutar su talento en vivo, cosa que he hecho desde mi adolescencia; y ustedes dirán ¡quién cojones es este!: pues soy un enfermo colector de música en discos de vinilo y técnico de sonido en desuso, pero eso será en otro reel dónde les escriba y se los cuente.

Anoche perdí la virginidad con el festival de la Complutense y lo disfruté a lo grande, la sorpresa de la noche fueron los británicos de “Kokoroko” y su propuesta afrobeat (que para mi es chombojazz o Jazz panameño) con una increíble sonoridad en su fusión de ritmos que iban desde el jazz más clásico, hasta algunos que me recordaron a ese flow de las Antillas y a la escena jazz que hubo en la ciudad panameña de Colón alrededor de 1940, con sonidos de Senegal, o sea.

Destacaron los metales a cargo de Sheila Maurice-Grey y Cassie Kinoshique luego nos sorprendían con unas voces magistrales tipo “diva jazz de 1930”, el percusionista con sus tres congas y en general los arreglos nos mantuvieron muy animados y ya les agregué como favoritos en mi reproductor.

Despedimos a Kokoroko y los treinta minutos llegaba aquella rubia con la sonrisa más bonita que haya visto en el MTV de hace veinte años, Joss Stone y su mundo soul nos hizo vibrar a todo un recinto que se llenaba para aclamar su música. Abrió (descalza, como siempre) con un Medley que nos daba un abreboca de su espectáculo con su extracto de la intrépida “You had me”.

Luego nos comentó que iba a repasar sus grandiosos veinte años de carrera interpretando temas de su primer álbum “The Soul Sessions”, hasta su última producción ̈Never Forget My Love ́ ́.

Electrizante y con la seda que desprendían sus cuerdas vovales, me hizo viajar a muchas noches de sorbos de ron que pasaba con mis amigos en Venezuela, cuando escuchábamos sus dos primeros CD’s.

Con una banda de músicos seniors y dos coristas muy a la altura de la famosa descubridora de Joss Mrs Betty Wright , saltamos y coreamos varios covers en un condesado repertorio, que dado los tiempos de los festivales, no superó los noventa minutos. 

Demostró que conserva no solo esa sonrisa que me enamoró hace dos décadas, sino también esa voz tan peculiar y efusivamente soul que emana desde su delgada silueta.

Sigue siendo amorosa y entregada a su público como en los conciertos que he visto durante estos años en DVD o en la red, es de las pocas artistas que siguen dándonos música de manera artesanal, pura y con toda su autenticidad.

No dejen de descubrirla, o como yo, de seguir su prolífica carrera musical, ¡no defrauda la británica!

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