Charlando con Atzur: ocupando espacio sin pedir permiso

Mar 30, 2026

Hay discos que nacen desde la ambición y otros desde la necesidad. HUMBLE pertenece claramente a los segundos. El nuevo trabajo de ATZUR no busca gustar ni encajar: se planta. Es una respuesta directa a esa falsa modestia que tantas veces se exige —especialmente a las mujeres— y una reivindicación de la vulnerabilidad como fuerza, no como debilidad.

El dúo formado por Patricia Narbón y Paul Ali sigue construyendo un universo donde la emoción manda sobre la etiqueta, donde lo íntimo se vuelve épico y donde cada canción parece diseñada para decir algo que llevaba demasiado tiempo contenido. Desde su evolución tras Strange Rituals hasta una gira europea que confirma que ya no son promesa, sino presente, hablamos con ellos sobre identidad, riesgo y esa forma de entender la música como algo que no se puede hacer pequeño.

HUMBLE es un título que parece sencillo pero esconde una declaración muy clara. ¿En qué momento entendisteis que la humildad también puede ser una forma de ocupar espacio, y no de reducirse?

Cuando entendimos que no teníamos que pedir permiso. Que ser humildes no es hacernos pequeños, es estar seguros de quiénes somos sin gritarlo para convencer a nadie. HUMBLE nace cuando decides ocupar espacio desde la verdad, no desde el ego.

Esa idea conecta directamente con la falsa modestia que muchas veces se exige. Patricia, cuando hablas de ese “ser demasiado”, ¿recuerdas cuándo empezó a pesar y cómo lo habéis transformado en sonido dentro del disco?

Toda la vida. Cuando tener ambición es “intenso”, cuando hablar claro es “exagerado”. Ese “demasiado” se te mete dentro y empieza a hacerte dudar. Si vamos a ser intensas, que sea épico. Si vamos a sentir mucho, que suene grande. Es un álbum que si estás conectada con tus emociones, lo vas a pillar al momento.

Si Strange Rituals marcaba un inicio, este disco parece una afirmación mucho más consciente. ¿Qué momento vital representa HUMBLE dentro de vuestra historia?

Hemos perdido ingenuidad. Hemos ganado criterio. Hemos perdido ciertas personas por el camino. Hemos ganado independencia total. Y eso cambia la energía con la que escribes.

Esa independencia también se refleja en el proceso creativo. Con un sonido tan grande, ¿cómo se construyen realmente las canciones entre Patricia Narbón y Paul Ali dentro del estudio?

En el estudio somos muy honestos. Si algo no nos atraviesa a los dos, no se queda. No trabajamos desde una fórmula, sino desde las emociones, una sensación. Construimos capas hasta que la canción respira sola.

Vuestro sonido mezcla altpop, electrónica, hyperpop e incluso guiños urbanos sin complejos. ¿Es una forma consciente de romper etiquetas o simplemente seguís lo que pide cada tema?

No pensamos en géneros cuando escribimos. Pensamos en qué necesita la canción para decir lo que quiere decir. Si eso implica un beat más urbano o una producción más épica, lo hacemos. Las etiquetas vienen después. Nosotros trabajamos desde el impulso.

El arranque del disco con “a gentle kind of ruthlessness” no deja espacio para la duda. ¿Necesitabais empezar golpeando desde el primer segundo?

No somos muy de introducciones tímidas, en general.

En temas como ‘fragile like a bomb’ o ‘getting better’ hay una exposición emocional muy directa. ¿Fue difícil abrirse así o era necesario para que el disco fuera honesto?

Queramos o no, las cosas ocurren y las vivimos. No es una elección. A veces escribir sobre ciertos temas es incómodo, pero esa incomodidad es exactamente lo que hace que la canción conecte. Sin eso, sería solo estética. Y la música ofrece una catarsis más que necesaria en según que momentos.

En ‘hate me’ aparece el castellano y una cadencia más cercana al rap. ¿Es una decisión artística o simplemente parte natural de vuestra identidad?

Patricia simplemente quería decir muchas cosas, y en general tiene una tendencia a hablar muy rápido. Nuestra dualidad no es un concepto estratégico, es nuestra realidad. Y la música simplemente refleja eso. Realmente todo es bastante libre, no calculamos tanto las cosas como a veces puede parecer jaja

Hay una frase en ‘Glimmers’ que suena casi a mantra. ¿Sentís que este disco puede servir como espejo para quienes se han sentido “demasiado” toda su vida?

Ojalá.

En directo defendéis que lo vuestro no es música de fondo. ¿Qué ocurre en el escenario que no sucede en el estudio?

La energía del público cambia todo. Hay un intercambio real. No es solo tocar; es compartir algo que en ese momento pertenece a todos. Cuando las canciones entran en contacto con el aire se transforman, y cambian dentro de cada persona.

Venís de llenar salas en Europa del Este y ahora afrontáis vuestra mayor gira. ¿Sentís que este es el momento en el que ATZUR deja de ser promesa para convertirse en una realidad?

Más que dejar de ser promesa, sentimos que estamos demostrando que lo que construimos tiene base. Lo consolidado se construye cada noche en el escenario. Al menos han dejado de decirnos que tenemos potencial. Cada vez cuesta más ignorarnos <3

Solo sois dos sobre el escenario, pero el sonido es enorme. ¿Cómo se construye esa sensación sin perder lo esencial?

Honestidad. Siempre. Trabajamos mucho la dinámica, pero también dejamos margen para lo imperfecto. Por ejemplo, en nuestro concierto de Regensburg, se cayó el sistema a mitad de canción y sólo funcionaba el micrófono de Patricia. Así que acabó la canción a capella mientras los técnicos arreglaban el problema, y la verdad, eso fue “el momento” de la noche. No puedes controlar lo que va a pasar, ni lo que el público va a sentir. La monumentalidad no viene solo del volumen, sino de la intención. Si lo que dices es real, suena grande aunque seamos solo dos.

Patricia, tu trabajo en el atelier Narbon también construye identidad. ¿Hasta qué punto influye esa mirada en el universo de ATZUR?

Totalmente. Para mí todo es narrativa. La música, la imagen, el vestuario, el espacio escénico, el espacio sonoro… Un disco también es una pieza de diseño: tiene estructura, textura, contraste. Me interesa que todo dialogue entre sí. Que nada sea aleatorio, o puramente estético.

En ‘Mutual Obsession’ habláis del riesgo de no cambiar. ¿Cuál es el mayor riesgo que estáis dispuestos a asumir para seguir evolucionando?

Vivir. lol

Si HUMBLE fuera una imagen fija, ¿qué estaríamos viendo?

Las más de 7000 personas que nos han acompañado, viniendo a nuestros conciertos, haciendo que todo esto que hacemos tenga sentido.

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