María Arnal y la belleza de cambiar de rumbo en “Ama”

por | Abr 12, 2026

Desde aquel “Verbena”, primer EP que publicaron María Arnal i Marcel Bagés, a “Ama”, primer trabajo de María Arnal en solitario, ha pasado una década. Aquel primigenio proyecto cosechó muchos éxitos y una evolución que dejó obras tan grandes e interesantes como “45 cerebros y 1 corazón”.

La nueva etapa de María Arnal pivota en otras coordenadas, es el signo del paso del tiempo, de la situación emocional y estilística de la artista actual, y de que tengamos la suerte de tener artistas como ella, que no se estancan, que, si ya no se sienten cómodas con lo de antes, se atreven a saltar en su camino hacia otra dirección.

“Ama” es un disco arriesgado no por su complicidad, al contrario, la idea, el concepto y la proyección es sencilla, y aquí, aunque las bases están presentes, la voz y sus diferentes formas de tratarla es la protagonista.

En su versión del directo, otro elemento crucial y determinante de la particularidad y esencia que tiene es la danza. La puesta en escena que disfrutamos el otro día en el Auditorio del Roig Arena se puede calificar de perfecta e hipnótica: sencillez en el escenario, cero parafernalias.

Pau Riutort a la percusión y programaciones, y tres bailarinas a su alrededor, creando formas y figuras que transitan todas las emociones que consiguen las cuidadas y bellas letras de sus canciones.

El remate lo pone la iluminación, otro factor fundamental para que todo lo que nos quiere ofrecer brille aún más. Fascinante y sobresaliente la precisión, sobre todo en ese momento en que la luz crea una especie de pantalla donde ellas rasgan con el movimiento de sus manos en “Si te asomas”. De lo más flipante que he visto en mucho tiempo. Una pena no haberlo podido captar con mi cámara.

Hubo también espacio para explicar detalles, historias e ideas que giran en torno al disco. Siempre hablamos de cuándo los artistas se desnudan encima del escenario, y María lo hizo con esa ternura y cercanía que le caracteriza. Sin miedo, aunque en ciertos momentos se le quebrara la voz de la emoción.

Su público, aquel que le hemos seguido desde sus inicios, atento, respetuoso; guardando silencio en los momentos que se requería y desmelenándose, como toca, en temas como “Canción Total” (¡Siempre víctimas!) o “Tú que vienes a rondarme”.

Una más que aceptable entrada dentro del auditorio, esa sala de menor capacidad que tantas alegrías nos está dando.

Que se haga un disco en torno a una palabra tan necesaria en el mundo en que vivimos es algo tan necesario como el respirar. Ojalá el planeta únicamente se moviera en torno a eso: al amor, la familia, los amigos, los cuidados, las sonrisas, la naturaleza, la luz o la noche.

Mientras tanto, dentro de toda la oscuridad, tendremos la suerte de que María Arnal nos cante.

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