Lizz Wright y una elegancia impecable sobre el escenario del Albéniz

por | Nov 3, 2026

Otro concierto de esos que sabes que no va a fallar dentro de Villanos del Jazz. Esta vez nos reencontrábamos con Lizz Wright en el Teatro Albéniz, apenas un año después de disfrutarla en el Teatro Fernán Gómez, también dentro de este mismo ciclo. Y si tuviésemos que elegir una palabra que defina a esta mujer la tenemos clara: IMPECABLE.

Con un inmaculado vestido, un pañuelo negro en la cabeza y su inseparable pandereta, Lizz Wright y su presencia ya se percibían impactantes desde el primer momento. Esa elegancia tan natural, sin necesidad de reclamar una atención que ya tenía ganada, y, por supuesto, una voz tremendamente limpia, con un registro que se mueve especialmente cómoda en los tonos graves, con una profundidad y una personalidad extraordinarias, pero que nunca pierde un ápice de dulzura y sensibilidad. Una voz reconocible, cálida y sencilla en el mejor de los sentidos de la palabra.

Fotografías: Chema Muñoz Rosa

Muy feliz de estar en Madrid. Y no es para menos: sus ya casi diez visitas a la capital dicen bastante de la relación que ha ido construyendo con esta ciudad y de lo a gusto que parece sentirse cada vez que vuelve. Lo transmitió durante la velada y también en la manera de dirigirse al público. Desde luego, nosotros encantados de seguir recibiéndola año sí y año también.

Musicalmente, nos encontramos con un repertorio especialmente variado, incluso más que el del año pasado. El concierto arrancó con bastante músculo, dejando espacio a ese soul y funk de raíces profundas que tan bien le sientan. «Freedom» y «Afro Blue» fueron algunas de las primeras muestras de una noche en la que el jazz convivió constantemente con otros sonidos, sin necesidad de establecer fronteras. También «Sweet Feeling» aportó ese carácter más cálido y rítmico que Wright sabe imprimir a sus interpretaciones.

Hubo, por supuesto, espacio para bajar las revoluciones y detenerse en canciones de una sensibilidad enorme. «Sparrow» fue uno de esos momentos en los que su voz parecía llenar cada rincón del Albéniz sin necesidad de acompañarse de nada más. También «Salt» y «Grace» dejaron ver esa faceta más delicada, en la que cada frase parece encontrar su propio espacio y en la que la interpretación está muy por encima de cualquier artificio. Y entre los momentos más reconocibles del repertorio, «Old Man», de Neil Young, que en manos de Wright adquiere una personalidad completamente propia, respetando la esencia de la canción y llevándola a su terreno.

Y gospel. Unas cuantas dosis de gospel. Porque si algo tiene Lizz Wright es esa capacidad para transitar entre el jazz, el blues, el soul y el gospel sin que ninguno de esos territorios parezca ajeno a su manera de cantar. Una mezcla que fue ganando protagonismo a medida que avanzaba el concierto y que terminó por convertirse en uno de los grandes atractivos de la noche. «How I Got Over» fue uno de esos momentos en los que la espiritualidad y la celebración se apoderaron del escenario. La pandereta, las palmas, las voces y esa energía contagiosa que fue ganando espacio terminaron de levantar al público. Solo al final, tampoco necesitamos más.

Qué difícil es disfrutar de una artista que no necesita demostrar absolutamente nada. Una intérprete con una personalidad enorme, una voz que parece no tener fisuras y una manera de entender la música en la que conviven la delicadeza y la fuerza. Lizz Wright volvió a enamorar a Madrid, y nosotros volvimos a salir de uno de sus conciertos con ganas de que no tarde demasiado en regresar.

Autor

  • Kenyi Yoshino

    Periodista, fotógrafo y amante de la música.
    CEO y creador de Territorio Music.

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