El grupo Celtas Cortos da el pistoletazo de salida a una gira que arranca por todo lo alto en el Movistar Arena de Madrid para celebrar sus 40 años de historia y que los llevará por diez ciudades españolas, hasta terminar el 18 de abril en Valladolid.
Celtas recorre durante dos horas una senda del tiempo que cuenta el cuento no solo de la banda, sino de una generación entera. Esta noche han ofrecido un repertorio que reivindica la vuelta a las raíces en un viaje cargado de emociones, con mensajes valientes —tanto enunciados como cantados—, fiel a sus principios y firme en sus convicciones.
Texto: Olga Muñoz. Fotografía: Álvaro Carlier

Goyo Yeves, Alberto García y Jesús Cifuentes han tocado esta noche la fibra de un Movistar Arena a rebosar a pesar de la lluvia, o precisamente por ella, porque el recinto se transformó en una gran plaza de ambiente irlandés en la que tan bien se mueven estos chicos castellanos que comenzaron fusionando música celta en un instituto de Valladolid.
Cosidos a retales unos con otros estaban los temas que transitamos, desde «Riaño vivo», del primer disco publicado en 1989, hasta «Adiós, presidente», del álbum El mundo del revés (2024), pasando por temas míticos del primer disco grabado en directo, curiosamente —como dice Jesús Cifuentes— tal día como hoy (un 7 de febrero) hace 29 años. Un recorrido que es, como dijo uno de los artistas invitados de la noche, Dani Martín, «nuestra colección de fotos de la vida».

Y qué es la vida sino un tránsito por lugares comunes, por paisajes desconocidos, por músicas de tantos espacios durante el cual, al final del viaje, están las raíces, esas a las que acabas volviendo. Y así empieza el concierto, en el origen, con los acordes de «El túnel de las Delicias», que toma el nombre de un paso subterráneo que une el barrio de Las Delicias (de origen obrero) con el resto de la ciudad de Valladolid, como una metáfora de su trayectoria desde aquellos inicios. Como muchos de sus temas instrumentales, este parte de la tradición irlandesa: una versión del clásico «Morrison’s Jig» pasada por el filtro inconfundible de Celtas Cortos, y que se encadena en el mismo tema con otra melodía tradicional, «Out of the Ocean». Es habitual en la música tradicional crear eslabones con varios tunes (jigs, reels, airs) en una sola pieza, y aquí hacen exactamente eso.

Le siguen «Qué voy a hacer yo», con su train beat marcando fuerte el ritmo a la batería y el violín, clave en la atmósfera narrativa del grupo, y los compases más bailables de «El ritmo del mar». Después abre el micro Cifu para dar las gracias por celebrar con ellos «40 años que nos han caído como una teja en la cabeza, pero somos más de mirar hacia adelante que hacia atrás». Estalla el público jaleando y aplaudiendo con ganas: el ambiente es de querer vivir algo único, de divertirse, de compartir con amigos y familia no solo un concierto, sino una vida entera llena de recuerdos. Y los Celtas lo saben. En «Trágame tierra» ya empiezan a meter ritmos sobre esa base de melodía tradicional, y suena un reggae calentito al que le sigue «Haz turismo», uno de los temas míticos del folk-rock español.
Porque los Celtas le dan a todos los palos. Su versatilidad los ha llevado hasta el escenario del Movistar Arena esta noche —que ya nos lo debían—, pero ellos saben que hacer música es una carrera de fondo y les gusta patear escenarios de todo tipo. Durante estos años han tocado formatos de mil maneras: en acústico en teatros; en eléctrico en grandes recintos; con bandas municipales; con orquestas sinfónicas (de cámara o completas)… Por algo son parte de la historia musical de este país. Y juegan con las emociones de un público entregado con gusto.
Tocan por primera vez sobre un escenario «Cálida trinchera», con el primer artista invitado de la noche, Andrés Suárez, que entona este tema muy popero e intimista, al que le sigue otro rockero también suave, «Silencio», que aporta nostalgia sin estridencias.
Vamos por el ecuador del concierto y es ya la hora de ese puño en alto tan de Celtas Cortos, con «Legión de mudos» (rock, funky y un rap a mitad del tema sobre una melodía tradicional tan curioso) y «Adiós, presidente», presentado con ironía por Alberto, que nos anima a dedicárselo al presidente que más rabia nos dé, aunque sea el de la comunidad de vecinos. Por cierto, las imágenes visuales de la pantalla del fondo acompañan el viaje y refuerzan una experiencia inmersiva y potente.
Rulo aparece después para meternos en vena «Retales de una vida», uno de los éxitos de los últimos discos. El recorrido continúa por «Mañana sale el sol», «Skaparate nacional» y «Tranquilo majete», momento álgido con la aparición de Jorge Salán, guitarrista de Mägo de Oz, metiendo caña, pinchando en vena, removiendo conciencias y exaltando aún más a un Movistar Arena reunido allí como por embrujo.

Goyo Yeves, el miembro más longevo de la banda, también dedica unas palabras después de «Un millón de motivos», y volvemos a la harina celta con «Riaño vivo», otro jig muy bailable con la entrada de las chicas de Irish Treble, rematado por «Cuéntame un cuento», tema que da nombre a la gira.
Con tanto ir y venir de ritmos y fusiones, no se puede obviar que Celtas Cortos borda como nadie las versiones de melodías tradicionales, y para muestra un botón: en este concierto brillan especialmente los temas instrumentales «Pelotazo», versión de un jig irlandés original, y «Correcaminos», a los que se une el ya mencionado «El túnel de las Delicias».

Aquí presentan a la banda habitual: José Sendino (guitarra eléctrica), Diego Martín (batería), Chuchi Marcos (bajo eléctrico) y Antón Dávila (gaitas y flautas), a la que se incorporan en la gira Álvaro Zarzuela (trombón y trompeta) y Carlos Soto (saxo barítono y alto), además de reinstaurar el piano y el acordeón original con Jesús Bravo.
«El emigrante» es otro de los momentos cumbre de la noche. Celtas Cortos no pierde su espíritu reivindicativo, y creo que a muchos se nos pasa por la cabeza lo increíblemente vigentes que están muchos de los mensajes que nos lanzan. La camiseta de Cifu, que reza «Fuck ICE», no deja espacio para sutilezas, ni cuando dice que todos «somos tronco común de la misma raíz». Aunque hay un mensaje optimista que subyace: aquí se viene a celebrar en comunión, y sabemos que va a pasar algo enorme cuando se apaga la luz y Carlos Soto aparece con una belleza de flauta marcando los acordes de «La senda del tiempo», como no podía ser de otra manera, y Cifu presenta a Dani Martín, que canta este tema y nos deja temblando. Ya estamos todos a punto de caramelo para lo que viene después: «20 de abril», con todos los invitados reunidos y una energía brutal.
Esto es una fiesta de la música, y terminan fuerte con «No nos podrán parar». Desde luego, no ha parado nadie esta noche; con su característica fusión de estilos, Celtas Cortos ha contado su historia desde el corazón. De la puesta en escena visual —con el vídeo inicial de los mensajes grabados por un desfile de artistas que forman parte de la música de este país— hasta la calidad musical, todo es una declaración de principios: la de contarnos el cuento de una generación. La gente ha salido eufórica: grupos de amigos con camisetas con el logo del grupo que se iban abrazados, mujeres que comentan sus amores juveniles, padres y madres exultantes acompañados de sus hijos… Si los Celtas querían que nos pusiéramos a recordar, lo han conseguido. Y de qué manera.

















