Rototom Sunsplash 2026: la semana en la que siempre queremos quedarnos

por | Ago 31, 2026

Décimo año, aproximadamente, acudiendo de manera consecutiva al que decimos con orgullo que es nuestro festival favorito del mundo. Y después de una semana más en Benicàssim, seguimos sin encontrar una manera mejor de explicar qué tiene Rototom para que, cuando llega el momento de marcharse, una parte de nosotros ya esté deseando volver.

Porque Rototom no es solamente un festival. Para nosotros es la mejor semana del año. Es ese momento en el que durante seis días parece que todo funciona de otra manera, donde reina la paz, el amor y una sensación de comunidad difícil de encontrar en cualquier otro lugar. Da igual de dónde vengas, qué edad tengas, qué música escuches o cuál sea tu vida cuando vuelvas a casa. Cuando cruzas las puertas de Rototom tienes durante unos días la sensación de haber viajado a un universo diferente. Uno en el que, sinceramente, viviríamos siempre.

Este año, además, ha sido una edición diferente en algunos aspectos. Después de los ocho días de la edición del 30 aniversario del año pasado, el festival volvía a una duración de seis días, además de la tradicional pre party. Y también desaparecía la zona Jumping, ese pequeño reducto que durante los últimos años había quedado como una de las pocas posibilidades para salir puntualmente del reggae, el dub o el dancehall y encontrarte con otras propuestas musicales. Pero aparecía una novedad que nos ha encantado: la JamRoom, un espacio dedicado a las jams de reggae que, desde el primer momento, nos pareció una idea fantástica y que ha terminado demostrando que tenía todo el sentido del mundo. Una pena, eso sí, que únicamente estuviese activa una vez finalizaba el último concierto del Sun Stage. Nos habría encantado poder disfrutarla también durante más momentos de la jornada.

Y si hay algo que este año hemos vuelto a sentir con especial intensidad es el ambientazo de Solé. Es difícil explicar cómo consigue este espacio superarse prácticamente cada año, pero lo vuelve a hacer. Solé ya es una de esas partes de Rototom que no necesitan presentación y que, por sí solas, justifican muchas horas dentro del recinto. Música, baile, gente con ganas de disfrutar y ese ambiente que hace que puedas entrar sin ninguna intención de quedarte demasiado y terminar saliendo horas después. Me suena que llevábamos años sin clases de dancehall en Solé, y este año ha habido varias, que, aunque por muchos momentos hayan sido freestyle más que clases, es suficiente para que gente de todos los niveles disfrute de ello.

También queremos destacar especialmente el dancehall de esta edición. Hemos tenido artistas de primerísimo nivel, algunos de ellos con un nivel suficiente como para haber podido estar perfectamente en el Lion Stage y que, quién sabe, probablemente algún día terminen incluso actuando en el Sun Stage. Es otra de las cosas que nos encanta de Rototom: llegar pensando que vas a ver “un concierto más” y terminar descubriendo a un artista al que sabes que vas a seguir a partir de ese momento.

Porque esa capacidad de descubrimiento sigue siendo una de las grandes virtudes del festival. Y eso que todos los años hacemos lo mismo. Vemos el cartel, empezamos a compararlo con el de años anteriores y nos quejamos de que falta esto, de que falta aquello, de que antes había más de lo otro… Y luego llegamos a Benicàssim y volvemos a hacer exactamente lo contrario: disfrutar de decenas de conciertos, descubrir artistas, bailar durante horas y terminar la semana hablando de actuaciones que probablemente ni siquiera estaban entre nuestras prioridades cuando llegamos.

Es imposible hablar de este festival sin hablar de todo lo que sucede alrededor de la música. De la enorme variedad y calidad de su oferta gastronómica, de las actividades para prácticamente todas las edades y, especialmente, de la importancia que cada año tiene la programación infantil. Cada vez vemos más familias en Rototom y eso nos parece una de las mejores noticias posibles. Que un festival de estas dimensiones consiga que los más pequeños también tengan su espacio, sus actividades y sus propios momentos de disfrute dice mucho de lo que se ha construido aquí.

Y si hay un espacio que para nosotros representa como pocos la esencia de Rototom es la Reggae University. Ese lugar en el que grandes artistas y personalidades se sientan durante un rato para compartir sus vivencias, su filosofía, sus creencias, sus historias y hasta su arte. Un espacio que demuestra que el reggae no es solamente música y que detrás de cada artista hay una historia, una cultura y una manera de entender el mundo. Este año hemos vuelto a tener momentos inolvidables allí, pero probablemente nos quedemos especialmente con Macka B y ese freestyle que se marcó. De esos momentos que ocurren una vez y que se quedan para siempre en la memoria del festival.

Y después están todos esos pequeños grandes espacios que hacen que Rototom sea prácticamente imposible de comparar con cualquier otro festival. La zona deportiva, con campeonatos improvisados y exhibiciones. Las batallas de gallos que consiguen reunir a decenas de chavales y chavalas alrededor de un espacio. Las sesiones de yoga y meditación cuando empieza a caer la tarde. Las exposiciones de pintura y los murales que se van creando en directo. Las clases de baile durante la tarde, la noche y hasta la madrugada. Y muchas otras cosas que probablemente ni siquiera lleguemos a ver durante una semana porque es físicamente imposible estar en todos los sitios al mismo tiempo.

Y luego está Jamkunda. Uno de nuestros rincones favoritos del festival. Un espacio en el que África está representada prácticamente a todas horas y que nos recuerda que la cultura que rodea al reggae tiene unas raíces que van mucho más allá de Jamaica. Es uno de esos lugares en los que simplemente puedes sentarte, mirar alrededor y pensar que no necesitas absolutamente nada más.

Quizá esa sea la mejor manera de explicar Rototom. La suma de todas esas pequeñas cosas.

La música que suena constantemente. La gente que conoces. La gente que no conoces. Los bailes. Las conversaciones. Las familias. Los niños corriendo. Los artistas. Los puestos. La comida. Las actividades. La cultura. El sol. El cansancio. Las noches que terminan demasiado tarde. Y esa sensación permanente de que estás rodeado de gente increíblemente bonita, diversa y, sobre todo, con ganas de convivir y disfrutar.

Por eso seguimos diciendo que Rototom es el lugar donde más felices somos del mundo. Porque aquí se junta todo lo que nos gusta. Y porque, aunque cada año encontremos cosas que creemos que podrían mejorar —y este año especialmente, con todo el revuelo que se ha formado con numerosas quejas sobre practicamente todo lo que hace y tiene el festival—, cuando llega el momento de hacer balance la respuesta vuelve a ser la misma: queremos volver.

Aun así, este año, aprovechando la enorme visibilidad que tenemos entre el público de Rototom y porque creemos que precisamente querer tanto a un festival también significa poder hablar de lo que no funciona tan bien, hemos preparado un artículo especial con nuestra opinión sobre todas esas cosas que creemos que podrían mejorarse. Porque sabemos perfectamente que Rototom nos conoce, Rototom sabe lo que les queremos y Rototom nos escucha.

Y también hemos preparado, como cada año, nuestro Top 10 de conciertos de esta edición.

Así que un año más nos vamos de Benicàssim con la sensación de haber vivido una semana que no se parece a ninguna otra. Con cientos de momentos en la cabeza, decenas de conciertos que recordar, nuevos artistas descubiertos, bailes que probablemente no deberíamos haber aguantado hasta esas horas y, sobre todo, con esa mezcla extraña de cansancio y tristeza que aparece cuando toca marcharse.

Rototom, gracias otra vez. Nos vemos en 2027.

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