Escribir este artículo es como decirle a un amigo que está yendo por un mal rumbo. No es fácil. Y no lo es porque ese amigo puede llegar a mirarte y decirte: “Ya, pero tú no sabes esto”, “o esto otro”, “es que en aquel momento tú no estabas”, y probablemente tenga razón en alguna de esas cosas. Seguro que no soy el mayor experto en cultura rastafari ni en cultura reggae, ni pretendo serlo. Quien habla aquí es alguien que lleva diez años yendo a Rototom cada año, toda la semana. No alojado en el camping, no consumiendo prácticamente en las barras más allá de agua y, además, trabajando buena parte de esos días con una cámara al hombro. Así que si para alguien que está leyendo estas líneas la opinión de alguien con este perfil tiene menos valor que la suya propia, quizá no tenga demasiado sentido que siga leyendo.
Es un artículo complicado por dos motivos. El primero es evidente: hablar de las cosas negativas de mi festival favorito, cuando no lo hago prácticamente de ningún otro, no es fácil. Y si lo hacemos es precisamente porque nos importa de verdad. Muchísimo.
El segundo es que este año se ha notado un ambiente un poco hostil entre quienes no han acabado contentos con Rototom y quienes, como nosotros, hemos sido muy felices durante estos seis días. Esto, sinceramente, me importa bastante menos. Creo que se puede disfrutar muchísimo de un festival y al mismo tiempo pensar que hay cosas que deberían mejorar. No son cosas incompatibles, os lo aseguro.

Dicho esto, hay que empezar por un tema que probablemente sea el más delicado de todos: la Guardia Civil. Y aquí quiero diferenciar claramente entre Guardia Civil y seguridad privada, porque son dos cosas totalmente diferentes. Con la seguridad privada, personalmente, no he tenido ningún problema en diez años de Rototom. Ni este año ni ninguno de los anteriores, así que no tengo ninguna crítica negativa que hacer. No puedo hablar de algo que no he vivido. Con la Guardia Civil, sin embargo, la sensación es completamente distinta.
Este año me ha parecido especialmente exagerado. Registros en cada esquina, en prácticamente todos los accesos, controles constantes, familias registradas, gente que simplemente va a entrar al recinto… incluso yo mismo entrando con todo mi equipo fotográfico y mi acreditación para trabajar. Y quiero hacer una puntualización porque me parece importante: yo no he visto jamás racismo por parte de la Guardia Civil en Rototom. No niego que pueda existir, porque no puedo hablar por lo que le haya ocurrido a otra persona, pero en mi caso, siendo blanco y español, creo que me llevan registrando alrededor del 80% de los días que he ido al festival durante los últimos años. Van a por todo aquel que consideran que puede llevar algún tipo de sustancia.
De hecho, hace apenas un mes estuve en el FIB, en este mismo recinto, y la presencia policial fue diez veces menor. Allí no había controles de posesión de drogas ni remotamente nada parecido a lo que hemos visto este año en Rototom. Evidentemente, cada festival tiene sus circunstancias y no conozco los acuerdos, dispositivos ni decisiones que existen detrás de cada operativo, por lo que tampoco voy a afirmar que Rototom pueda meter mano en cuántos agentes hay o qué tipo de controles se hacen. Pero sí puedo contar lo que he visto durante diez años.Años atrás estaban con perros prácticamente a diario, con presencia policial dentro del recinto y hasta con agentes con armas largas patrullando por allí. Quizá este año no hayan estado tanto dentro del recinto, pero en los accesos la sensación ha sido especialmente fuerte.

Y aquí no sé hasta qué punto el festival puede hacer algo para evitarlo, pero creo que debería hacer todo lo que esté en su mano para intentar que la experiencia de entrada y permanencia de su público sea lo menos intimidante posible. Porque una cosa es la seguridad, que evidentemente es necesaria, y otra muy diferente es entrar a un festival con la sensación de que te están esperando para encontrarte algo. Rototom ha construido durante décadas una identidad alrededor de la convivencia, la cultura, la música, el respeto y la libertad, y creo que una presencia policial excesivamente visible y unos controles constantes chocan bastante con esa imagen. No sé cuál es el margen real que tiene el festival, pero creo que es un tema que debería preocuparle y mucho.
Musicalmente, sin embargo, tengo que empezar diciendo algo que para mí es indiscutible: no hay año en el que no haya disfrutado de Rototom como en ningún otro festival musicalmente. También es verdad que soy una persona muy ecléctica y para mí un cartel de Rototom no es malo por tener más dancehall y menos roots. Sí lo es si me traes cosas alejadas de la música africana y jamaicana.
También es verdad que hay algo curioso que me pasa cada año. Veo el cartel, pienso que es peor que el del año anterior, llego al festival y termino disfrutando muchísimo. Después, con el paso del tiempo, vuelvo a mirar el cartel que tanto había criticado y pienso: “Joder, pues era buenísimo”. Me pasó con el anterior y con el anterior. Y seguramente dentro de unos años nos pase lo mismo con el de este año. Aun así, creo que objetivamente este ha sido uno de los carteles menos llamativos que recuerdo en Rototom.

Mi opinión en este sentido es bastante clara: habría que reducir algunas propuestas totalmente ajenas al universo del festival y utilizar ese espacio para meter más reggae. G-5 este año, por ejemplo, o la sesión de reguetón malo de Major Lazer. Y hay unas cuantas propuestas más en el Lion Stage que no vamos a mencionar por no ofender a nadie. No porque sean malos artistas, sino porque creo que no todo tiene que estar en Rototom. El festival puede ser ecléctico, y debe serlo, pero una cosa es tener diferentes estilos dentro de una cultura musical enorme y otra empezar a incorporar propuestas que podrían estar perfectamente en cualquier otro festival.
También hay que decir una cosa que a veces parece que se nos olvida: todos los que vamos cada año vamos habiendo visto el cartel. Entiendo todas las quejas del mundo cuando se anuncia. Si falta roots, si faltan determinados artistas, si no te gusta la programación, perfecto. Pero una vez que el festival está transcurriendo, ¿ya sabíamos a lo que íbamos, no? Porque tampoco podemos descubrir durante el sexto día que el cartel tenía artistas que no nos gustaban. Quizá estoy loco, pero creo que son dos debates diferentes.
Hay una cosa que a nivel personal sí me jode bastante y es la cada vez menos presencia de artistas y música africana. Porque ya prácticamente no queda nada. Ni en el Main Stage, ni en el Lion Stage. Nada. O te vas al maravilloso Yamkunda y allí sí encuentras esa parte de la cultura musical que parece haber desaparecido del resto de la programación. Y me cuesta entenderlo. No creo que haya que meter artistas africanos por cumplir una cuota ni porque quede bonito en un cartel, pero sí creo que existe una conexión demasiado evidente entre África y la cultura musical que Rototom representa como para que su presencia sea cada vez menor.

También se echan muchísimo de menos las zonas que había hace años donde podías ir a bailar ska, rocksteady y otros sonidos que formaban parte del universo Rototom. Y creo que esto es importante porque no todo lo que hace especial al festival está necesariamente en los grandes escenarios. Parte de la magia era precisamente perderte por el recinto, descubrir una zona, encontrarte con una música que no conocías o terminar bailando durante horas en un sitio al que ni siquiera tenías pensado ir. Esa sensación de que siempre había algo pasando era parte del festival.
Por eso me preocupa también la reducción del número de conciertos en ambos escenarios. Entiendo perfectamente el argumento de reducir los solapes y que la gente pueda ver los conciertos completos. Sobre el papel es una idea estupenda. Pero si al mismo tiempo haces un cartel cada vez más ecléctico y reduces las opciones para elegir, creo que la cosa falla. Sí, antes te perdías conciertos porque había dos, tres o cuatro cosas que querías ver al mismo tiempo, pero precisamente eso también formaba parte de la experiencia. Siempre había algo sucediendo. Siempre había que elegir. Y creo que reducir demasiado esa oferta hace que la sensación general sea la de un festival más pequeño.
Y aquí aparecen también los artistas que nosotros llamamos un poco “random”. G-5 este año, Lia Kali, SFDK el año pasado, Trueno hace un par de años… Imagino que estarán para vender entradas de día, como es lógico. Llevan varios años haciendo movimientos de este tipo y entiendo perfectamente la estrategia. Un festival necesita vender entradas y necesita buscar públicos diferentes. No tengo ningún problema con que se quiera hacer negocio, porque Rototom tiene que hacerlo y porque detrás hay una infraestructura gigantesca.

Lo que no tengo tan claro es que merezca la pena quitar conciertos de prime time del Sun Stage para meter propuestas que están claramente fuera del nicho natural del festival. Sobre todo cuando, desde mi percepción después de diez años, tampoco da la sensación de que esas jornadas tengan muchísima más gente que las demás. Quizá los números digan lo contrario y, si es así, tendré que reconocer que estoy equivocado. Pero esa es la sensación que tengo desde dentro.
También se han reducido algunas propuestas gastronómicas. Y aquí hay que decir algo: las que quedan son muy buenas. No estamos diciendo que la oferta gastronómica de Rototom sea mala. Todo lo contrario. Pero hay menos opciones. Y volvemos a lo mismo que comentábamos antes. Si reduces un poco la música, un poco los escenarios, un poco las experiencias, un poco la gastronomía y un poco las posibilidades de descubrir cosas, quizá ninguna de esas decisiones sea digna de un artículo por separado. El problema aparece cuando las sumas todas.
Y desde nuestra parte profesional también hay una cuestión que me gustaría poner encima de la mesa: los fotógrafos acreditados. Hasta hace unos tres años, Rototom era uno de los pocos grandes festivales donde los fotógrafos teníamos una libertad que cada vez es más difícil encontrar. En alrededor del 90% de los conciertos teníamos libertad para estar en los fosos el tiempo que necesitábamos para hacer fotografías y vídeos. Esa maldita norma de los tres primeros temas que está impuesta en prácticamente todos los festivales y salas del mundo aquí resistía. Ya no.

Este año el porcentaje prácticamente se ha invertido y en alrededor del 80% de los conciertos solo hemos podido estar las tres primeras canciones. Y aquí tengo una duda: ¿será que cada vez más artistas tienen esta norma como condición? ¿O será que Rototom la ha asumido como norma? Si es lo primero, poco puede hacer el festival. Pero si existe margen de negociación, ojalá en próximas ediciones pueda luchar un poco más por nosotros en este aspecto. Porque creo que ganamos todos. Ganamos los fotógrafos porque podemos hacer mejor nuestro trabajo, gana el festival porque tiene más y mejores imágenes, ganan los artistas porque tienen más contenido y gana el público porque puede disfrutar de una cobertura mucho más completa. Hasta hace no tanto, Rototom era diferente también en esto. Ojalá pueda volver a serlo.
Y al final, creo que el resumen de todo esto es bastante sencillo. No creo que Rototom se haya convertido en un mal festival. Ni mucho menos. Sigo pensando que es el mejor festival del mundo y después de seis días sigo teniendo momentos allí que no encuentro en ningún otro sitio. El problema es otro: creo que el ritmo de reducción de la oferta musical y experiencial es negativo y estoy convencido de que afecta a la sensación global de quienes llevamos bastantes años viniendo.
Porque nosotros no comparamos Rototom con otros festivales. Comparamos Rototom con Rototom. Y esa es probablemente la comparación más injusta que se puede hacer. Porque el Rototom de hace diez años tenía muchísimas cosas que hoy ya no están. Y no pasa nada por que un festival cambie. Los festivales tienen que cambiar. Quiero que siga evolucionando. Pero sí quiero que en esa evolución haya más reggae, más África, más ska, más rocksteady, más espacios para descubrir cosas y más experiencias que tengan sentido dentro de su universo. Y quizá menos propuestas que podrían estar en cualquier otro festival.
Rototom no necesita ser más grande. Necesita seguir siendo Rototom.Y esto lo escribe alguien que ama este festival. Alguien que lleva diez años viniendo durante toda la semana, que ha disfrutado de todos ellos y que seguro seguirá viniendo mientras pueda. Precisamente por eso creemos que podemos permitirnos hacer esta crítica 100% personal y con ánimo constructivo. Si no nos importara, simplemente no la haríamos.
Recordad que este es 1 de los 3 artículos que hemos preparado sobre esta edición, además del articulo sobre nuestra experiencia general en Rototom Sunsplash 2026, y otro sobre nuestro top 10 de conciertos de este año.















