Resurrection Fest tiene un lema “un lugar que se siente como hogar”. Cada año que pasa, hace honor a esa bandera, y 2026 no iba a ser menos. No es sólo un festival de música, y eso que, como tal, ha evolucionado hasta el punto de tener a los nombres más grandes de todas las vertientes del sonido duro. Es un lugar de encuentros y re encuentros, de amistades, de risas y lágrimas. Son vacaciones, físicamente agotadoras, pero mentalmente sanadoras. Un año más era hora de plantarse en esa ría para disfrutar y capturas momentos. Es tan grande y tan completo, que aquí contaremos la mitad, que ya es más que nada y se acerca al todo. Porqué el “Resu” es eso: sinónimo de hogar.
Miércoles, 1 de julio de 2026. Viveiro (Lugo)
Hay algo que solo ocurre en Viveiro. Cuando los primeros festivaleros cruzan las puertas del recinto al mediodía, con la mochila al hombro y la sonrisa de quien sabe exactamente dónde está y por qué, cuando las camisetas negras empiezan a poblar las calles del pueblo y el olor a cerveza madrugadora se mezcla con la bruma atlántica, uno comprende que este festival no es solo un festival. Es un estado de ánimo. Y en su vigésimo primera edición, con el eslogan «A Place Called Home» resonando con más fuerza que nunca, el Resu abrió el telón de su jornada inaugural con un cartel heterogéneo, ambicioso y que, desde los primeros compases, prometió que los cuatro días siguientes iban a dejar huella.
El miércoles siempre ha sido el día de calentamiento, el día en que los más veteranos llegan y los más novatos descubren por primera vez lo que significa este lugar. Pero «calentamiento» es una palabra que esta jornada se quedó pequeña. Con Sabaton cerrando el escenario principal y una ristra de nombres internacionales repartidos entre el Chaos y el Desert Stage, el primer día del Resurrection Fest 2026 no fue aperitivo: fue un plato contundente.
Main Stage: de Annisokay a los maestros de la guerra, fuego y explosiones
En el Main Stage, Annisokay fue una de las propuestas más destacadas de la jornada. La banda alemana de post-hardcore y metalcore lleva años consolidándose como uno de los proyectos más sólidos de su generación. Su set fue una declaración de intenciones: energía contenida y explosiva a partes iguales, con sus habituales contrastes entre melodías limpias y detonaciones pesadas que funcionaron de maravilla para un público todavía desperezándose. Una actuación con los suficientes argumentos como para ganarse a los incrédulos.

Thrown dejaron su huella en el Main Stage con una actuación que elevó la temperatura hasta niveles de ebullición. La banda aportó músculo y contundencia, supo gestionar el momento sin que se les notara el peso y mantuvieron el nivel de decibelios donde debe estar en un festival de esta naturaleza. Dejaron al público listo para lo que estaba a punto de llegar.

Y entonces llegó uno de los conciertos más esperados de la jornada. A Day To Remember aterrizaban en Viveiro con la experiencia de quien lleva más de dos décadas desafiando etiquetas y construyendo una de las carreras más singulares del rock alternativo moderno. Los de Ocala, Florida, han hecho de la mezcla entre metalcore, pop punk, hardcore melódico y rock de estadio una seña de identidad que pocas bandas han sabido replicar con semejante éxito. Y en el Resurrection Fest demostraron por qué siguen siendo una referencia para varias generaciones de aficionados.
Su actuación fue una explosión de energía y diversión perfectamente calculada. Desde el primer tema, el Main Stage se convirtió en una celebración colectiva donde convivieron los breakdowns más pesados con estribillos gigantes capaces de ser coreados por miles de personas al unísono. Jeremy McKinnon ejerció de maestro de ceremonias con absoluta naturalidad, manteniendo una conexión constante con un público que respondió entregado a cada propuesta de la banda.

El concierto avanzó entre saltos, circle pits y una sucesión de himnos que evidenciaron la profundidad de un catálogo construido durante años. A Day To Remember domina como pocos el arte de alternar la contundencia y la emoción sin que ninguna de las dos facetas parezca forzada. Cuando el grupo descargaba toda su potencia, el recinto se transformaba en un hervidero de movimiento; cuando llegaban los momentos más melódicos, miles de gargantas tomaban el relevo y convertían Viveiro en un gigantesco coro.
La producción acompañó con solvencia una actuación diseñada para el gran formato. Confeti, balones gigantes y una puesta en escena dinámica terminaron de convertir su paso por el Resurrection Fest en una auténtica fiesta. Más que un concierto, fue uno de esos momentos que explican por qué la banda sigue llenando recintos y encabezando festivales alrededor del mundo. A Day To Remember no solo cumplió con las expectativas: dejó uno de los directos más celebrados y multitudinarios de la primera jornada.
El cierre que Viveiro merecía: Sabaton y la épica bélica como religión
Y entonces llegó la hora. La noche cerró sobre Viveiro y los escenarios de Xardín do Coliseo se vistieron de gala para recibir a los grandes protagonistas del día. Los suecos de Sabaton llevan desde 1999 construyendo su propio género —el power metal marcial, el llamado war heavy metal— con un universo lírico centrado en batallas históricas, héroes olvidados y episodios bélicos que la historia oficial apenas recuerda. Formados en Falun y liderados por la voz inconfundible de Joakim Brodén, llevan décadas demostrando que el metal puede ser tanto una clase de historia como una experiencia física devastadora. Salir a escena con «Ghost División» es siempre una apuesta segura, conectando en seguida con las primeras filas, pero no con la audiencia general. Fueron de menos a más y las explosiones y juego de pirotecnia ayudó.

Su actuación en el Resurrection Fest 2026 fue exactamente eso: devastadora en el mejor sentido posible a pesar de las horas y el cansancio acumulado de una jornada repleta de emociones. Desde los primeros acordes de «Ghost Division», el Main Stage se convirtió en un campo de batalla glorioso, con fuego, explosiones e himnos épicos. La producción fue monumental: banderas, proyecciones de imágenes históricas, explosiones de pirotecnia sincronizadas con los momentos más climáticos del set. El público de las primeras filas, entregado con una batería de temas de sobra conocidos por la audiencia, respondió como un ejército perfectamente disciplinado que conoce su oficio de memoria. Brodén es un frontman que entiende el escenario como pocos en la escena actual del metal europeo: sabe cuándo empujar, cuándo dejar respirar y cuándo soltar el golpe que hace enloquecer a las primeras filas. Cuando los últimos acordes se apagaron sobre el recinto, la ovación fue de las que resuenan dentro del pecho. Su actuación tuvo altibajos y en ocasiones se notó el cansancio de la audiencia, que tras el gran concierto de «A Day to Remember», estuvo algo apagada durante el show de los suecos.

Ritual Stage: Testament y la lección del thrash
Mientras el Main Stage digería su menú principal, el Ritual Stage vivió su propio momento de gloria con Testament como gran protagonista de la noche. Pero el escenario secundario tuvo también sus propios momentos de altura a lo largo del día.
Aneuma se presentaron en el Ritual Stage con una energía que descolocó a más de uno. Una propuesta con aristas, con hambre escénica y con las ideas suficientemente claras como para dejar su nombre grabado en la memoria de quienes los descubrían por primera vez. No es poco para una banda que compartía cartel con nombres de tanto peso. Con una puesta en escena teatral, la fuerza que tiene esta banda rapidamente se hizo con el protagonismo sobre las tablas, impactando a aquellos y aquellas que no conocían al grupo.

Con su mezcla de death metal melódico y metalcore, la formación originaria de Puerto de Vega (Asturias), quienes ya triunfaron en la batalla de bandas del Wacken, venían a tierras gallegas a calentar el ambiente. Corta actuación, pero que dejó patente que es una de las bandas nacionales con más proyección y un futuro prometedor. Con su reciente álbum bajo el brazo, Flesh & Bone (2025), trabajo de estudio que demuestra un crecimiento en el sonido y la fuerza del grupo. Su actuación en Resurrection Fest demostró que son uno de los grupos con más proyección del panorama nacional.
TSS desplegaron una actuación compacta y directa que fue ganando fuerza conforme avanzaban los minutos, habiendo generado mucha expectación desde que anunciaron la presencia de la banda en el cartel. El público del Ritual Stage, siempre mezclando gente curtida e iniciados en el mundo de los festivales, respondió con la complicidad que se le da a las bandas que saben lo que hacen. TSS tienen ya experiencia en festivales y traían una propuesta de fusión sonora que bien merecía echarles un ojo. Mezclan elementos de metalcore, rock alternativo y trap, sonando Emo al mismo tiempo que modernos. Están en la cresta de la ola al otro lado de la frontera, y su visita es un soplo de aire fresco al estilo. Con un directo energético, transformaron la melancolía de sus letras en una experiencia catártica sobre el escenario. La banda logró trasladar a la perfección su cuidada producción de estudio al vivo, combinando bases electrónicas pesadas y ritmos de trap con la agresividad de sus riffs de guitarra con ambientación oscura y atmosférica. La entrega vocal de la banda, que navega entre melodías pop emocionales y gritos desgarradores, creó una conexión íntima y electrizante con el público, convirtiendo su concierto en un ritual dinámico para los amantes del sonido alternativo.

The Pretty Wild aportaron su particular color al programa del Ritual Stage. Con una propuesta que combina la actitud del rock más descarado con un sentido de la melodía que no renuncia a los momentos de pegada, su actuación fue una de las gratas sorpresas de la jornada. Frescura y contundencia en la misma ecuación. La conexión con el público fue una grata sorpresa, siendo una propuesta alternativa que convenció a propios y extraños, llevando en volandas a la audiencia. Desde el minuto uno se notó que la comunión entre la banda y la gente, lo que terminó reflejado en un concierto que terminó convenciendo y marcando más de uno/una en la jornada.

Antes de dos de los platos fuertes de la jornada, había que preparar el cuerpo para la fiesta. Los sonidos en fusión eran los protagonistas del día, y The Browning no iban a ser menos. The Browning fue una experiencia de alta energía donde la agresividad del deathcore se fusiona con la intensidad de un rave de música electrónica. Las luces estroboscópicas (aunque con la luz del sol aún en el firmamento se perdió la magia) y los sintetizadores industriales marcaron el ritmo mientras Jonny McBee lideró al público en constantes mosh pits y wall of deaths. Los potentes quiebres de guitarra (breakdowns) se mezclaban con bombos pesados de hardstyle, creando una atmósfera electrizante que mantuvo a la multitud saltando de principio a fin. Vaya fiestorro, no sólo siendo una de las sorpresas del día, sino de todo el festival, y hasta se escuchó entre la gente un «esto es Resu».

Self Deception se presentaron con una intensidad que fue en crescendo. Cada tema añadía una capa más de presión sobre el público, que empezaba a intuir que la noche en el Ritual Stage iba a estar a la altura de lo que se estaba cociendo al mismo tiempo en el Main Stage. No defraudaron.

Y entonces llegaron Testament. La banda de Berkeley, California, lleva activa desde principios de los ochenta y con más de cuatro décadas de carrera, sigue siendo uno de los pilares más respetados e influyentes de la historia del thrash metal. Chuck Billy, su vocalista, es una presencia imponente sobre las tablas: voz poderosa, actitud sin fisuras, y la autoridad de quien ha sobrevivido a todo lo que la industria del metal puede lanzarte encima. Su actuación en el Ritual Stage fue una lección magistral de thrash clásico con dosis de brutalidad contemporánea. Las guitarras sonaron de manera portentosa, y el público —fiel, experto, entregado— respondió con un mosh pit que no dio tregua desde el primer riff. Testament no necesita artificios: su música es el espectáculo.
Chaos Stage: la carpa que nunca se enfría
La carpa del Chaos Stage cumplió a la perfección su función de hogar del metalcore y el hardcore más comprometido del festival.
Crowded se presentaron en el Chaos Stage con la brutalidad y la determinación propias de quien sabe que tiene muy poco tiempo para convencer y lo aprovecha al máximo. Ritmos aplastantes, atmósfera contundente bajo la carpa más bestia del festival y un público que entró en calor de manera inmediata. Abrieron con maestría y tuvieron una gran afluencia de gente, que desde primera hora estaba dispuesta a darlo todo en cada concierto, del primero al último.

God Complex pusieron la nota más extrema de la jornada en el Chaos Stage. Pesadez, oscuridad y una contundencia que no da respiro: el tipo de banda que convierte la carpa del Resurrection Fest en un lugar donde el tiempo se detiene y solo existe el volumen.

Immortal Disfigurement no son nuevos en esto de dar cera pulir ceta. La reconocida banda estadounidense de deathcore sinfónico formada en el año 2021 tiene tablas y lo demostraron con creces en el Chaos Stage. El proyecto fue fundado por el vocalista CJ McCreery (antiguo miembro de Lorna Shore e Infant Annihilator) y el guitarrista Josh Freeman, siendo esas credenciales suficiente motivo para plantarse en un escenaril que hace honor a su nombre. Su sonido destacó por fusionar la extrema brutalidad y técnicas vocales del deathcore con masivas atmósferas orquestales, algo que le dio a su actuación una epicidad única. Bolazo con todas las letras, mezclando brutalidad con muchos registros vocales y con una maestría que hicieron de su concierto el momento perfecto para calentar los moshpits. Era sólo el principio e Immortal Disfigurement marcaron el camino.

The Scratch dejaron su marca en el Chaos Stage con una actuación que fue un golpe limpio en la mandíbula. Directos, sin adornos innecesarios, con la honestidad sonora que caracteriza a las bandas que han crecido en escenas donde el postureo no tiene cabida. Los irlandeses trajeron el espíritu folclórico con una sorprendente actuación. En medio del escenario un tipo con dos palos y una caja de percusión fue el ingrediente principal para una enérgica actuación que transportó a la audiencia a los mejores pubs de Irlanda. Fiestón para dar continuidad a una jornada que ya era épica de por sí.

Desert Stage: los descubrimientos del día
El Desert Stage, escenario de la diversidad y los hallazgos inesperados, vivió su propia aventura en paralelo al resto del festival.
Black Maracas llevaron al Desert Stage una energía diferente, una propuesta que salía del camino más transitado del cartel y que recordaba que el Resurrection Fest siempre ha tenido un ojo puesto en lo que se cuece fuera de las corrientes principales. Un set que sorprendió a los que se acercaron sin expectativas y se marcharon con ganas de más.

Cardiac se presentaron en el Desert Stage con la convicción de quien tiene claro su mensaje y lo ejecuta sin titubeos. Una actuación honesta, directa y con la identidad suficientemente marcada como para distinguirse en un cartel tan poblado. El tipo de banda que uno descubre en un festival y que luego busca en casa. Pero lo mejor estaba por llegar. De repente el vocalista pidió que se abriera un wall of death y parecía todo normal, gente al lado, gente al otro y plash. Pero no. En medio de la audiencia un valiente guerrero se arrodilló y sacó un anillo pidiendo la mano de una valkyria que emocionada dijo que sí, y a su al rededor, mientras se abrazaban en una danza de amor, un wall of death cerró el círculo de la eternidad. Esto es el Metal, esto es el Resu, y la emoción dio lugar a un resto de concierto brillante.
Con la noche sobre nuestras cabezas, tocaba usar el resto de energía para rematar con Faetooth en el escenario. Doom Metal profundo, depresivo y oscuro hasta la médula. Si las hadas hicieran sus pinitos con las artes oscuras, sonarían como éste grupo. Una sorpresa muy grata y que demostraba que no todo está inventado en el estilo musical al que abanderaron esa noche.

Last Train ofreció una de las actuaciones más inspiradas del Desert Stage durante la primera jornada del Resurrection Fest. Los franceses conquistaron a un público que fue creciendo canción a canción gracias a una propuesta que combina rock alternativo, intensidad emocional y una ejecución impecable. Con un sonido contundente pero lleno de matices, el cuarteto demostró por qué es una de las bandas europeas con mayor proyección fuera de los circuitos más comerciales. Entre pasajes explosivos y momentos más atmosféricos, lograron crear una conexión especial con los asistentes, firmando un concierto tan elegante como enérgico que dejó una excelente carta de presentación para quienes aún no conocían su directo. Una tremenda sorpresa que gozamos y que marcó un concierto top 5 del festival sin lugar a dudas.

El primer día del Resurrection Fest 2026 dejó un regusto a victoria. Sabaton como cabeza de cartel cumplió con creces la responsabilidad de abrir una edición que se anuncia histórica, y el resto del programa acompañó con solvencia en los cuatro escenarios. Viveiro, una vez más, demostró por qué lleva dos décadas siendo ese lugar llamado hogar para miles de metaleros de toda Europa. Quedan tres días. La guerra apenas ha comenzado.
















