Resurrection Fest 2026: cuatro días quevolvieron a convertir Viveiro en el hogardel metal

por | Jul 15, 2026

Hay festivales que destacan por su cartel y otros que trascienden la música para convertirse en una experiencia. El Resurrection Fest lleva más de dos décadas demostrando que pertenece a ese segundo grupo. Bajo el lema «A Place Called Home», la edición de 2026 volvió a reunir a miles de personas llegadas desde todos los rincones de España y Europa con un único objetivo: vivir cuatro días donde el tiempo parece detenerse y todo gira alrededor de la música.

El ambiente volvió a ser uno de los grandes protagonistas. Desde primera hora de cada jornada, las calles de Viveiro se llenaron de camisetas negras, reencuentros, abrazos y conversaciones entre amigos que sólo coinciden una vez al año. Los veteranos regresaban a un lugar que ya sienten como suyo mientras que quienes acudían por primera vez descubrían por qué el Resurrection Fest es mucho más que un festival.

La variedad del cartel permitió que cada asistente encontrara su espacio. Desde el heavy metal clásico hasta el hardcore más extremo, pasando por el rock alternativo, el metalcore, el black metal o las propuestas más experimentales, cada escenario ofreció una personalidad propia. Pero si algo caracterizó esta edición fue la respuesta del público. Durante cuatro días, los pogos, los circle pits, los wall of death y los coros multitudinarios acompañaron prácticamente cada actuación, demostrando que el verdadero protagonista del festival también estaba delante de los escenarios.

Texto y fotografía: Yagros Stilav y Álvaro Carlier

Miércoles 1 de julio | Viveiro enciende la mecha de una edición inolvidable

La primera jornada dejó claro desde el principio que el Resurrection Fest 2026 no entendía de días de calentamiento. El recinto comenzó a llenarse desde primera hora y el ambiente fue creciendo concierto tras concierto hasta convertir la inauguración en una auténtica celebración colectiva. El público tenía ganas de volver a casa y se notó desde el primer minuto.

Main Stage: un comienzo explosivo para un escenario entregado

La apertura del escenario principal estuvo marcada por la energía de Annisokay, que encontraron una audiencia con ganas de comenzar el festival sin reservas. Su combinación de melodía y contundencia sirvió para romper el hielo y reunir a un público que fue aumentando conforme avanzaba la tarde.

La intensidad continuó con Thrown, cuya descarga de metal moderno elevó rápidamente la temperatura. Los primeros circle pits comenzaron a aparecer con naturalidad, demostrando que la jornada inaugural iba mucho más allá de un simple día de bienvenida.

Uno de los momentos más esperados llegó con A Day To Remember. La banda estadounidense convirtió el Main Stage en una auténtica fiesta, alternando momentos de enorme contundencia con otros más festivos que fueron coreados por miles de asistentes. Los balones gigantes, el confeti y la constante interacción con el público terminaron de transformar el recinto en una celebración donde nadie permanecía inmóvil. Durante más de una hora, Viveiro vibró al mismo ritmo mientras saltos, sonrisas y abrazos se mezclaban entre una audiencia completamente entregada.

El cierre correspondió a Sabaton, que presentaron un espectáculo visual de gran formato acompañado por fuego, explosiones y una producción diseñada para impresionar. La banda sueca fue creciendo conforme avanzaba el concierto y consiguió conectar especialmente con las primeras filas, donde los seguidores más fieles respondieron con entusiasmo a cada momento del espectáculo. Aunque el cansancio acumulado tras una intensa primera jornada comenzó a hacerse notar en parte del público, la actuación sirvió para poner el broche a un día que había superado todas las expectativas.

Ritual Stage: descubrimientos, fiesta y el poder del thrash

Mientras el Main Stage reunía a miles de personas, el Ritual Stage ofrecía una programación capaz de sorprender incluso a quienes llegaban sin conocer parte del cartel.

Aneuma aprovecharon la oportunidad para demostrar el excelente momento que atraviesa la escena nacional. Su propuesta llamó rápidamente la atención de quienes se acercaban por curiosidad y terminaron conquistando a buena parte del público gracias a una puesta en escena llena de personalidad.

La diversidad continuó con TSS, cuya mezcla de estilos modernos encontró una gran acogida entre una audiencia abierta a descubrir nuevos sonidos. La conexión entre banda y asistentes fue creciendo durante todo el concierto hasta convertirlo en una de las actuaciones más comentadas de la tarde.

La sorpresa llegó con The Pretty Wild, capaces de ganarse al público desde los primeros minutos gracias a una actuación fresca, dinámica y muy cercana. Su energía terminó arrastrando incluso a quienes habían llegado únicamente para esperar a las siguientes bandas.

Uno de los grandes triunfadores del día fue The Browning. Su combinación de metal extremo y música electrónica convirtió el Ritual Stage en una auténtica pista de baile donde los mosh pits se sucedieron sin descanso. Fue uno de esos conciertos que generan conversación durante todo el festival y que muchos terminaron señalando como uno de los grandes descubrimientos de la edición.

Tras la intensidad de Self Deception, el protagonismo recayó sobre Testament. Los estadounidenses demostraron por qué siguen siendo una referencia absoluta del thrash metal. Sin necesidad de grandes artificios, ofrecieron una lección de experiencia, potencia y actitud que encontró una respuesta inmediata entre un público entregado de principio a fin. El mosh pit apenas tuvo descanso durante toda su actuación.

Chaos Stage: la intensidad nunca baja

La carpa del Chaos Stage volvió a convertirse en el refugio de quienes buscaban los sonidos más extremos del festival.

Crowded inauguraron la jornada con una actuación directa y contundente que consiguió reunir a un buen número de asistentes desde primera hora. A partir de ahí, el ritmo no hizo más que crecer.

God Complex llevaron la agresividad un paso más allá con una descarga demoledora que convirtió la carpa en un auténtico muro de sonido. La respuesta del público fue inmediata, entregándose por completo a una actuación marcada por la contundencia.

Immortal Disfigurement confirmaron las expectativas ofreciendo uno de los conciertos más extremos del día. Su combinación de brutalidad y técnica hizo las delicias de los seguidores del deathcore, que encontraron en el Chaos Stage uno de los escenarios más activos de toda la jornada.

El toque más festivo llegó con The Scratch, capaces de transformar la carpa en una auténtica celebración gracias a su original propuesta inspirada en la música tradicional irlandesa. La mezcla entre percusión, folk y energía consiguió que incluso quienes llegaban por curiosidad terminaran participando en una de las actuaciones más divertidas del miércoles.

Desert Stage: el escenario de las sorpresas

El Desert Stage volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los lugares favoritos para descubrir nuevas bandas.

Black Maracas abrieron el escenario ofreciendo una propuesta diferente que llamó la atención de un público dispuesto a dejarse sorprender desde el primer momento.

Con Cardiac llegó uno de los momentos más emotivos de toda la jornada. Mientras la banda preparaba un wall of death, un asistente decidió pedir matrimonio a su pareja en pleno centro del público. La emoción se apoderó del escenario durante unos instantes antes de que la música recuperara el protagonismo. Fue una de esas imágenes que resumen perfectamente el espíritu del Resurrection Fest: amistad, comunidad y recuerdos que permanecerán para siempre.

La noche continuó con la oscuridad de Faetooth, cuya propuesta encontró una magnífica acogida entre quienes buscaban sonidos más atmosféricos.

El cierre del escenario correspondió a Last Train, una de las grandes revelaciones del primer día. Los franceses fueron reuniendo cada vez a más público gracias a una actuación elegante, intensa y llena de personalidad que terminó situándose entre las más destacadas de toda la jornada.

Un inicio que marcó el camino

La primera jornada dejó claro que el Resurrection Fest 2026 había arrancado con un nivel extraordinario. Los grandes nombres cumplieron con las expectativas, pero también fueron muchas las bandas que consiguieron conquistar a nuevos seguidores. Sobre todo, quedó la sensación de que el público había recuperado su hogar. El ambiente, la convivencia y la respuesta de miles de personas en cada escenario confirmaban que la vigésimo primera edición había comenzado de la mejor manera posible y que aún quedaban tres días para seguir escribiendo historia.

Jueves 2 de julio | Iron Maiden reina en Viveiro en una jornada donde cada escenario encontró su momento

Si la primera jornada había servido para confirmar que el Resurrection Fest volvía con fuerza, el jueves terminó por consolidar la edición de 2026 como una de las más disfrutadas por el público. Desde primera hora de la tarde el recinto volvió a llenarse de miles de asistentes que recorrían constantemente los cuatro escenarios buscando combinar grandes clásicos con nuevos descubrimientos. El ambiente era el de un festival plenamente asentado, donde cada cambio de escenario suponía descubrir una propuesta diferente y donde la respuesta del público volvió a estar a la altura de un cartel de primer nivel.

Main Stage: leyendas, emoción y una demostración de por qué Iron Maiden sigue haciendo historia

La jornada comenzó con Fallen At Dawn, que aprovecharon su presencia en el escenario principal para demostrar el excelente momento que vive el metal nacional. A pesar de las primeras horas del día, el público respondió con una asistencia notable, dejando claro que muchos festivaleros querían aprovechar cada minuto del festival.

La intensidad emocional llegó con Caskets, cuya propuesta encontró rápidamente el respaldo de una audiencia que alternaba momentos de calma con explosiones de energía. Su capacidad para conectar con los asistentes convirtió su actuación en uno de los primeros grandes momentos de la tarde.

Después fue el turno de Angelus Apatrida, que volvieron a demostrar por qué siguen siendo una referencia del thrash metal español. La banda hizo que el Main Stage recuperara toda su agresividad con una actuación precisa y contundente donde los circle pits volvieron a multiplicarse. El público respondió con la misma intensidad que la banda mostraba sobre el escenario, confirmando la enorme conexión que mantienen con Viveiro.

Pero toda la jornada giraba alrededor de un nombre: Iron Maiden.

Mucho antes de que comenzara su concierto ya era evidente que el festival estaba viviendo uno de los momentos más esperados de toda la edición. El recinto presentaba una imagen espectacular, con miles de personas ocupando cada espacio disponible frente al escenario principal.

La banda británica volvió a demostrar por qué sigue siendo una referencia absoluta del heavy metal mundial. La enorme producción visual, apoyada por las pantallas y una impecable puesta en escena, acompañó un concierto que fue recibido con una entrega absoluta por parte del público. Varias generaciones compartieron espacio frente al escenario, desde quienes llevan décadas siguiendo a la banda hasta jóvenes que vivían su primer concierto de Iron Maiden.

Cada momento era recibido con ovaciones, coros multitudinarios y una emoción difícil de describir. Más allá de la impecable ejecución musical, la sensación era la de estar asistiendo a un concierto histórico dentro del Resurrection Fest. El ambiente que se respiró durante toda la actuación convirtió el Main Stage en el auténtico corazón del festival durante cerca de dos horas.

Tras semejante despliegue, Anthrax asumieron la complicada tarea de mantener el nivel de energía. Lo consiguieron gracias a un concierto intenso, dinámico y repleto de actitud. Los estadounidenses demostraron que la veteranía sigue siendo una de sus mayores virtudes y encontraron un público dispuesto a seguir disfrutando pese al desgaste físico que empezaba a acumularse.

La madrugada todavía guardaba una última sorpresa con Feuerschwanz, cuya combinación de humor, espectáculo y metal medieval consiguió reunir a un gran número de asistentes que decidieron alargar la noche. Su actuación terminó convirtiéndose en una auténtica fiesta donde la diversión se impuso al cansancio y dejó claro que el Resurrection Fest nunca baja el ritmo hasta el último acorde.

Ritual Stage: protagonismo femenino, metal moderno y una audiencia completamente entregada

El Ritual Stage ofreció durante toda la jornada una programación especialmente variada que fue reuniendo cada vez a más público.

Her Anxiety fueron una de las primeras bandas en captar la atención de los asistentes gracias a una actuación llena de intensidad y personalidad. La conexión con el público apareció desde los primeros minutos y terminó consolidando uno de los conciertos más celebrados del escenario durante la tarde.

Con Burning Witches, el heavy metal clásico volvió a demostrar que sigue gozando de una salud excelente. La banda suiza firmó una actuación sólida que hizo disfrutar tanto a seguidores veteranos como a quienes las descubrían por primera vez. El entusiasmo de la audiencia fue creciendo conforme avanzaba el concierto, convirtiéndolo en uno de los grandes éxitos del día.

La teatralidad de The Funeral Portrait aportó un cambio de registro muy bien recibido por un público que respondió con atención a una propuesta visualmente muy cuidada.

La contundencia regresó con Caliban, que transformaron el Ritual Stage en un auténtico campo de batalla sonoro. El público respondió con una intensidad constante, multiplicando los pogos y demostrando que el metalcore continúa siendo uno de los estilos con mayor seguimiento dentro del festival.

Chaos Stage: la diversión y el hardcore toman el control

La carpa volvió a convertirse en uno de los puntos más activos del Resurrection Fest.

Fuet! Fuet! Fuet! inauguraron la jornada con una actuación tan divertida como imprevisible. Su cercanía con el público y el carácter desenfadado de su propuesta consiguieron que la fiesta comenzara desde primera hora, provocando sonrisas constantes entre los asistentes.

La intensidad aumentó con Blood Command, que ofrecieron uno de los conciertos más explosivos del jueves. La banda convirtió el escenario en un auténtico espectáculo donde el humor, la agresividad y la interacción con el público se mezclaron continuamente. La energía de su vocalista terminó conquistando por completo a una audiencia que respondió con entusiasmo durante toda la actuación.

Los canadienses Belvedere aportaron velocidad y precisión, manteniendo el nivel de intensidad con una actuación muy celebrada por los seguidores del punk melódico.

Después llegó Lionheart, responsables de uno de los conciertos más físicos del día. La contundencia del hardcore hizo que la carpa viviera algunos de los pogos más intensos de la jornada, mientras la banda mantenía una conexión permanente con el público.

El cierre correspondió a Authority Zero, que pusieron el broche final con una actuación cargada de positivismo y espíritu festivo. Después de tantas horas de música, todavía quedaban fuerzas para seguir cantando, saltando y disfrutando en una carpa que apenas perdió intensidad durante toda la jornada.

Desert Stage: elegancia, psicodelia y algunas de las grandes revelaciones del festival

El Desert Stage volvió a confirmar su papel como el escenario perfecto para descubrir propuestas diferentes.

Silly Goose sorprendieron desde el primer momento con una actuación completamente imprevisible, capaz de convertir el escenario en un espectáculo tan divertido como caótico. Su descaro conectó rápidamente con un público dispuesto a dejarse sorprender.

Uno de los grandes triunfos del día llegó con Blues Pills. La banda firmó una actuación sobresaliente que desbordó todas las previsiones de asistencia. El escenario se quedó pequeño para una formación que conquistó al público gracias a una combinación de calidad musical, carisma y una energía constante sobre las tablas. Muchos asistentes terminaron señalando su concierto como uno de los mejores de toda la edición.

La jornada concluyó con Psychonaut, cuya propuesta atmosférica ofreció un contraste perfecto con la intensidad vivida en el resto de escenarios. Su capacidad para crear paisajes sonoros envolventes permitió cerrar el día desde una perspectiva completamente distinta, demostrando una vez más la enorme diversidad musical que caracteriza al Resurrection Fest.

Un jueves para recordar

La segunda jornada confirmó definitivamente que el Resurrection Fest 2026 estaba viviendo una edición muy especial. La presencia de Iron Maiden marcó uno de los momentos históricos del festival, pero el enorme nivel del resto del cartel permitió que cada escenario encontrara su propio protagonismo. El público volvió a responder de forma ejemplar, recorriendo continuamente el recinto y disfrutando de propuestas muy diferentes sin perder nunca la energía ni las ganas de seguir descubriendo música. Al terminar el jueves, la sensación general era clara: aún quedaban dos días por delante, pero el festival ya había dejado momentos que permanecerían durante mucho tiempo en la memoria de quienes habían vuelto, un año más, a ese lugar llamado hogar.

Viernes 3 de julio | Viveiro explota en una jornada donde la energía del público alcanzó su punto más alto

Con dos intensas jornadas ya a sus espaldas, cualquiera podía pensar que el cansancio comenzaría a hacer mella entre los asistentes. Ocurrió justo lo contrario. El viernes fue, probablemente, el día donde el Resurrection Fest alcanzó su máxima intensidad. Los escenarios vivieron una sucesión constante de conciertos de enorme nivel y el público respondió con una energía inagotable, enlazando pogos, circle pits y momentos memorables desde primera hora de la tarde hasta bien entrada la madrugada.

La combinación entre grandes nombres, bandas emergentes y un ambiente de absoluta comunión convirtió la tercera jornada en una de las más completas de toda la edición. Cada escenario ofrecía una experiencia distinta, pero todos compartían un mismo denominador común: miles de personas disfrutando de la música con una entrega absoluta.

Main Stage: una montaña rusa de emociones culminada por Limp Bizkit

La actividad comenzó con Nevertel, que tuvieron que adaptarse a un cambio de horario y a un recinto todavía en pleno proceso de llenado. Poco a poco fueron encontrando la respuesta del público y terminaron firmando una actuación que fue creciendo conforme aumentaba la afluencia de asistentes al escenario principal.

La llegada de The Rasmus cambió completamente el ambiente. Su propuesta conectó tanto con quienes crecieron escuchando a la banda como con nuevas generaciones que aprovecharon la oportunidad para descubrir uno de los nombres más reconocibles del rock alternativo europeo. El público respondió con entusiasmo a una actuación elegante y cargada de nostalgia.

La intensidad subió varios niveles con Bleed From Within, que prendieron definitivamente la mecha de la jornada. Desde los primeros minutos comenzaron a aparecer enormes circle pits que ya no desaparecerían durante el resto del día. Su contundencia convirtió el Main Stage en un auténtico campo de batalla donde la energía del público parecía no tener límite.

Con el ambiente completamente encendido llegó Trivium, una de las actuaciones más esperadas del viernes. Los estadounidenses demostraron por qué siguen siendo una de las grandes referencias del metal moderno gracias a un concierto demoledor en el que el fuego, la precisión técnica y la potencia escénica se combinaron a la perfección.

La respuesta del público fue extraordinaria. Cada pausa servía para recuperar el aliento antes de volver a lanzarse a los pogos, mientras las primeras filas vivían el concierto con una intensidad difícil de igualar. La conexión entre banda y asistentes fue absoluta durante toda la actuación.

Pero si hubo un nombre capaz de elevar todavía más el ambiente fue Limp Bizkit.

La formación liderada por Fred Durst convirtió el Resurrection Fest en una auténtica fiesta colectiva. Desde el primer momento quedó claro que no iba a ser un concierto cualquiera. Miles de personas saltaban, cantaban y celebraban cada instante mientras la banda mantenía una interacción constante con el público.

Uno de los momentos más emotivos de toda la edición llegó cuando Fred invitó al escenario a un joven que celebraba su cumpleaños con un cartel entre el público, regalándole una experiencia imposible de olvidar. Poco después también quiso reconocer el trabajo del equipo de Bring The Noise, invitándolos a compartir parte del protagonismo con una ovación que resumía perfectamente el espíritu del festival.

El concierto terminó convertido en una enorme celebración donde varias generaciones compartieron escenario y pista con una única intención: disfrutar. La sensación general era que se estaba viviendo uno de esos conciertos destinados a permanecer durante muchos años en la memoria colectiva del Resurrection Fest.

Tras semejante explosión de energía, Cavalera Conspiracy fueron los encargados de cerrar la actividad del escenario principal. Aunque parte del público comenzó a abandonar el recinto después del concierto de Limp Bizkit, quienes permanecieron frente al escenario pudieron disfrutar de una descarga de metal extremo ejecutada con la contundencia que caracteriza a los hermanos Cavalera, poniendo el broche a una jornada de enorme nivel.

Ritual Stage: personalidad, oscuridad y una escena en constante crecimiento

Mientras el Main Stage concentraba a las grandes masas, el Ritual Stage volvió a demostrar la enorme riqueza del cartel de esta edición.

Nukore fueron los encargados de inaugurar la jornada con una actuación llena de entrega que fue reuniendo a cada vez más asistentes conforme avanzaban los minutos. La cercanía de la banda y su energía hicieron que muchos comenzaran el día frente a este escenario.

Not Yet aprovecharon su oportunidad para seguir consolidando su crecimiento dentro de la escena, encontrando una audiencia muy receptiva que respondió con entusiasmo a una propuesta equilibrada entre melodía y contundencia.

La oscuridad tomó el relevo con Okkultist, cuya descarga de agresividad captó rápidamente la atención de los seguidores de los sonidos más extremos.

El ambiente cambió completamente con Hulder, que transformaron el escenario en una experiencia mucho más atmosférica. Su propuesta envolvente demostró la enorme variedad estilística que caracteriza actualmente al Resurrection Fest, donde cada escenario puede ofrecer una experiencia completamente diferente.

Uno de los conciertos más celebrados del Ritual Stage fue el de Gaerea. La banda portuguesa volvió a demostrar por qué su crecimiento internacional no deja de aumentar, ofreciendo una actuación de enorme intensidad emocional que encontró una respuesta extraordinaria entre un público completamente entregado.

La jornada terminó con Blaze The Trail, representantes del excelente momento que vive el metal moderno nacional. Su concierto confirmó que las nuevas generaciones continúan ganando protagonismo dentro del festival gracias a propuestas capaces de competir con cualquier nombre internacional.

Chaos Stage: intensidad permanente bajo la carpa

Si hubo un escenario donde el ritmo nunca disminuyó fue el Chaos Stage.

Oslo Ovnies inauguraron la jornada con una propuesta desenfadada y moderna que fue ganando seguidores conforme se acercaban nuevos asistentes a la carpa.

La sorpresa llegó con Initiate, que, pese a algunos pequeños problemas técnicos, firmaron uno de los conciertos más destacados del escenario. La cercanía de su vocalista, dirigiéndose al público en español, reforzó una conexión que terminó convirtiendo la actuación en una de las más recordadas del viernes.

La intensidad alcanzó un nuevo nivel con Dying Wish, cuya contundencia mantuvo a la audiencia completamente entregada durante todo el concierto. Los pogos se sucedían sin descanso mientras la banda descargaba toda su agresividad sobre el escenario.

El cierre correspondió a House Of Protection, que ofrecieron una actuación explosiva y muy dinámica. Su mezcla de influencias modernas encajó perfectamente con un público que, lejos de mostrar síntomas de agotamiento, continuaba disfrutando como si el festival acabara de comenzar.

Desert Stage: otra forma de vivir el Resurrection Fest

Mientras el resto del recinto vibraba al ritmo de las propuestas más contundentes, el Desert Stage volvió a ofrecer un espacio perfecto para descubrir nuevas bandas y disfrutar de propuestas más atmosféricas.

Madmess abrieron la programación con una actuación marcada por las largas atmósferas psicodélicas que atraparon rápidamente a quienes buscaban un pequeño respiro entre tanta intensidad.

La sensibilidad de Mourir aportó uno de los momentos más íntimos de toda la jornada. Su concierto permitió al público desconectar durante unos minutos sin perder la intensidad emocional que caracteriza al festival.

La elegancia de Rosalie Cunningham volvió a demostrar que el Resurrection Fest también tiene espacio para propuestas alejadas de los sonidos más extremos. Su actuación fue seguida por un público que disfrutó de una interpretación llena de personalidad.

El cierre correspondió a Return To Dust, que completaron una jornada sobresaliente en el Desert Stage con un concierto sólido, envolvente y muy bien recibido por quienes decidieron terminar allí una de las jornadas más intensas de todo el festival.

El día que el Resurrection Fest alcanzó su máxima intensidad

La tercera jornada dejó una sensación difícil de igualar. Cada escenario vivió momentos memorables, pero fue la respuesta del público la que terminó convirtiendo el viernes en uno de los grandes días del Resurrection Fest 2026. Desde los primeros conciertos hasta la madrugada, Viveiro respiró música, compañerismo y una energía contagiosa que parecía inagotable. La explosión vivida con Limp Bizkit pasará a formar parte de la historia reciente del festival, pero el verdadero éxito del viernes fue comprobar cómo miles de personas disfrutaban de un cartel tan diverso sin perder nunca la esencia que convierte al Resurrection Fest en un lugar único. Quedaba una última jornada, pero la sensación general era que la edición de 2026 ya había dejado algunos de los mejores recuerdos de su historia.

Sábado 4 de julio | Un adiós a la altura de una edición para el recuerdo

Tras tres días de emociones intensas, kilómetros recorridos entre escenarios y un sinfín de conciertos inolvidables, el Resurrection Fest 2026 afrontaba su última jornada con una mezcla de ilusión y nostalgia. El cansancio ya era evidente entre muchos asistentes, pero las ganas de aprovechar hasta el último minuto del festival volvieron a imponerse. Desde primera hora de la tarde, el recinto recuperó poco a poco el ambiente de las grandes ocasiones, con miles de personas decididas a despedir Viveiro como merecía una edición que había vuelto a demostrar por qué este festival ocupa un lugar privilegiado dentro del panorama europeo.

El sábado fue una jornada diferente. Más pausada en algunos momentos, más emocional en otros, pero con la misma capacidad para ofrecer conciertos memorables repartidos entre sus cuatro escenarios. El público disfrutó del último día sabiendo que cada actuación era también una despedida hasta el año siguiente.

Main Stage: grandes nombres para despedir cuatro días de música

La actividad comenzó con Iscream Never Ground, que transformaron el escenario principal en una auténtica fiesta desde el primer momento. La banda japonesa conectó rápidamente con el público gracias a una interacción constante que rompió cualquier barrera idiomática. Sus coreografías fueron reproducidas por buena parte de los asistentes, generando un ambiente desenfadado y divertido que sirvió para arrancar la jornada con una enorme sonrisa.

Después llegó Hamlet, una de esas bandas que siempre encuentran un lugar especial en Resurrection Fest. Los madrileños volvieron a demostrar su enorme experiencia sobre los escenarios con un concierto sólido, contundente y lleno de personalidad. El público respondió con el respeto y la admiración que merece una formación que lleva décadas formando parte de la historia del metal nacional.

La expectación aumentó con Imminence, una de las propuestas más esperadas del sábado. Su combinación de contundencia y sensibilidad volvió a conquistar a un Main Stage que fue llenándose progresivamente conforme avanzaba la tarde. La delicadeza del violín contrastó con la fuerza del resto de la banda, construyendo uno de los conciertos más emotivos de la jornada. La respuesta del público fue creciendo tema tras tema, convirtiendo su actuación en una de las más celebradas del día.

No todo salió según lo previsto con P.O.D.. Diversos problemas de sonido condicionaron una actuación que prometía mucho más. La banda mantuvo en todo momento su profesionalidad e intentó sacar adelante el concierto pese a las dificultades técnicas, mientras el público respondió con comprensión, consciente de que los contratiempos forman parte de los festivales en directo. Aun así, quedó la sensación de que el concierto podría haber sido uno de los grandes momentos del sábado.

La llegada de Mastodon elevó nuevamente el nivel musical del escenario principal. La banda estadounidense ofreció un recital de calidad instrumental que volvió a confirmar por qué continúa siendo una referencia dentro del metal progresivo. Su propuesta encontró una excelente acogida entre un público que disfrutó de una actuación elegante y técnicamente impecable.

La última gran cita del Resurrection Fest 2026 tenía nombre propio: Marilyn Manson.

Miles de personas se congregaron frente al Main Stage para despedir el festival con uno de los artistas más reconocibles del rock internacional. Su aparición sobre el escenario estuvo rodeada de la teatralidad y la personalidad que siempre han caracterizado sus actuaciones, construyendo una atmósfera completamente distinta a la vivida durante el resto del día.

El público respondió con entusiasmo a un espectáculo que combinó una cuidada producción visual con la fuerza escénica del artista estadounidense. Más allá del concierto, la sensación era la de estar viviendo el último gran momento de un festival que durante cuatro días había mantenido un nivel extraordinario. Cada aplauso y cada ovación parecían llevar implícito un agradecimiento por una edición que llegaba a su fin.

Ritual Stage: intensidad hasta el último minuto

El Ritual Stage volvió a ofrecer una programación variada que mantuvo un flujo constante de público durante toda la jornada.

Stellvris inauguraron el escenario con una actuación dinámica y llena de actitud. A pesar del lógico desgaste acumulado tras tres días de festival, consiguieron reunir a un buen número de asistentes que respondieron con entusiasmo desde los primeros minutos.

TodoMal aportaron un registro diferente dentro de la programación del sábado. Su propuesta sirvió para mantener el ambiente mientras el recinto seguía llenándose de público dispuesto a disfrutar de la última jornada.

Con Hand Of Juno regresó la contundencia. La banda italiana ofreció una actuación equilibrada entre agresividad y melodía que fue muy bien recibida por quienes buscaban propuestas de metal moderno con personalidad propia.

La intensidad alcanzó uno de sus puntos más altos con Distant, que transformaron el Ritual Stage en un auténtico muro de sonido. Los seguidores del deathcore volvieron a responder con enormes pogos y una energía que demostraba que aún quedaban muchas fuerzas para afrontar la recta final del festival.

Uno de los conciertos más esperados del escenario fue el de Dogma. A pesar de los problemas logísticos sufridos antes de llegar a Viveiro, la banda consiguió sacar adelante una actuación muy sólida. Su capacidad para conectar con un público especialmente joven volvió a poner de manifiesto el crecimiento que está experimentando el grupo dentro de la escena internacional. La entrega de las integrantes y la respuesta de los asistentes convirtieron el concierto en uno de los más comentados del sábado.

Chaos Stage: la carpa resiste hasta el final

El Chaos Stage volvió a demostrar que nunca entiende de cansancio.

The Family Men inauguraron la programación con una actuación directa y muy efectiva que permitió comenzar el día con el ambiente habitual de la carpa.

La agresividad aumentó con Frontierer, cuya propuesta extrema volvió a poner a prueba la resistencia de un público completamente entregado. La intensidad sonora y la complejidad de su música encontraron una magnífica respuesta entre los seguidores de los sonidos más extremos.

La jornada continuó con Gridiron, responsables de algunos de los momentos más físicos del sábado. Los circle pits y los pogos volvieron a multiplicarse en una carpa donde el polvo, las sonrisas y el compañerismo se mezclaban constantemente. A pesar del evidente desgaste acumulado durante cuatro días, el público volvió a responder con una energía admirable, demostrando que el espíritu del Resurrection Fest permanece intacto hasta el último concierto.

Desert Stage: el refugio perfecto para despedir el festival

Como había ocurrido durante toda la edición, el Desert Stage ofreció una alternativa perfecta para quienes buscaban descubrir nuevas propuestas o disfrutar de un ambiente más relajado.

The Gems fueron las encargadas de poner música a la última tarde del escenario con una actuación elegante, cargada de hard rock y personalidad. Su concierto volvió a demostrar que el Resurrection Fest es mucho más que metal extremo, ofreciendo espacio para estilos muy diferentes sin perder nunca su identidad.

Muchos asistentes aprovecharon las últimas horas del festival para recorrer por última vez el recinto, visitar los puestos de merchandising, compartir las últimas conversaciones con amigos o simplemente disfrutar del ambiente antes de emprender el regreso a casa. El Desert Stage volvió a convertirse en ese lugar donde bajar ligeramente las revoluciones sin dejar de disfrutar de la música.

Un festival que volvió a sentirse como hogar

Con el final de la última actuación llegó también el momento de despedirse de una edición que volvió a dejar huella en Viveiro. Durante cuatro días, miles de personas compartieron conciertos, kilómetros, abrazos, descubrimientos musicales y recuerdos que permanecerán mucho más allá del verano.

El Resurrection Fest 2026 volvió a demostrar que su mayor fortaleza no reside únicamente en la calidad de su cartel, sino en la comunidad que consigue reunir año tras año. Los grandes cabezas de cartel ofrecieron actuaciones memorables, las bandas emergentes conquistaron nuevos seguidores y los cuatro escenarios mantuvieron una personalidad propia que permitió disfrutar de una programación tan diversa como equilibrada.

Aunque el cierre fue algo más sobrio que en otras ediciones, sin el habitual despliegue pirotécnico debido a las altas temperaturas y a la protección del entorno natural, la sensación general fue de absoluta satisfacción. El público abandonó Viveiro con la misma mezcla de cansancio y felicidad que caracteriza al Resurrection Fest desde hace más de veinte años: piernas agotadas, voz rota y la certeza de haber vuelto a vivir unos días irrepetibles.

Porque eso es, precisamente, lo que hace especial a este festival. No importa cuántas veces se haya estado aquí. Cada edición deja nuevos recuerdos, nuevas amistades y nuevos conciertos que pasan a formar parte de la historia personal de quienes regresan, año tras año, a ese lugar que sigue sintiéndose como hogar.

Para finalizar, aquí tenéis un breve vídeo realizado por Álvaro Carlier:

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